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Desgarro Muscular

Desgarro Muscular

Es una distensión o ruptura parcial o total de las fibras de un músculo en el cuerpo cuando ha sido sobrecargado de trabajo, dando como resultado una lesión grave. No sólo las fibras musculares se ven afectadas sino todo lo que las rodea como el tejido conjuntivo que envuelve los vasos sanguíneos.

Causas

La causa más común de desgarros musculares se produce por la actividad extenuante, sobre todo cuando los ligamentos y los músculos están estirados o tensos. Esto puede incluir todo, desde caer mal sobre el tobillo o al caminar o hacer ejercicio en superficies irregulares. Este tipo de lesión suele causar esguinces en las rodillas o los tobillos. Las cepas o desgarros en los músculos o tendones, ocurren debido a lesiones traumáticas, como un resbalón o caída. La actividad vigorosa, como levantamiento de peso pesado sin una distribución uniforme en el cuerpo o cualquier tipo de actividad repetitiva, también puede provocar tensiones, sobre todo en la espalda, el cuello o los hombros.

Síntomas

• Cortes, hinchazón, moretones o enrojecimiento debido a la lesión
• El dolor en reposo
• Dolor en el músculo o articulación en relación con el músculo que se utiliza
• Debilidad de los músculos o tendones (Un esguince, por el contrario, es una lesión de la articulación y los ligamentos.)
• La imposibilidad absoluta de usar el músculo lesionado.

Diagnóstico

El médico tomará la historia clínica y realizará un examen físico. Durante el examen, es importante determinar si el músculo está parcialmente o completamente desgarrado (que puede implicar un proceso de curación mucho más tiempo, una posible cirugía y una recuperación más complicado).
Los rayos X o pruebas de laboratorio no suelen ser necesarios, a menos que hubiera una historia de trauma o evidencia de infección.

Tratamiento

El médico puede determinar el grado de lesión del músculo y tendón y si amerita muletas o soportes para la curación. También puede determinar si es necesario restringir las actividades del paciente, pedir la baja laboral o si los ejercicios de rehabilitación son necesarios para ayudar a recuperarse.

Auto-Cuidado
La cantidad de sangrado hinchazón en el músculo (a partir de vasos sanguíneos rotos) se pueden controlar mejor mediante la aplicación de bolsas de hielo y mantener el músculo distendido en una posición estirada. El calor puede ser aplicado cuando la inflamación ha disminuido. Sin embargo, la pronta aplicación de calor puede aumentar la inflamación y el dolor.
El hielo o calor no debe ser aplicado a la piel desnuda. Siempre se debe usar una cubierta protectora, como una toalla entre el hielo o el calor y la piel.

  • Tomar medicamentos anti-inflamatorios como la aspirina (Bufferin, Ecotrin) e ibuprofeno (Advil) para reducir el dolor y mejorar su capacidad de movilidad.
  • Colocar hielo en el área muscular (20 minutos cada hora mientras esté despierto). El hielo es un agente muy eficaz anti-inflamatorio y analgésico. Los embalajes pequeños de hielo, como los paquetes de vegetales congelados se aplican a la zona afectada; esto puede ayudar a disminuir la inflamación.
  • La compresión puede ser una aplicación suave con un As o vendaje elástico, que puede proporcionar tanto apoyo y disminuir la inflamación. No enrolle con fuerza.
  • Eleve el área lesionada para disminuir la hinchazón. Eleve la pierna tensa, por ejemplo, mientras esté sentado.
  • No se recomienda realizar ninguna actividad con el musculo afectado hasta que el dolor haya desaparecido significativamente.

Prevención

Para ayudar a prevenir las lesiones musculares, se recomienda:

  • Calentar antes de participar en deportes y actividades.
  • Siga un programa de ejercicios dirigido a estirar y fortalecer los músculos.
  • Aumente la intensidad de su programa de entrenamiento gradual. No le exija demasiado a su cuerpo.
  • Mantener un peso corporal saludable. La obesidad puede estresar los músculos, sobre todo en las piernas y espalda.
  • Practique una buena postura al sentarse y pararse.
  • Use la técnica correcta al levantar cargas pesadas.

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Erisipela

Erisipela

La erisipela es una infección bacteriana aguda de la dermis y la hipodermis causada principalmente por estreptococos. Actualmente no existen pruebas de que otras bacterias puedan causar la erisipela típica. El papel de las toxinas estreptocócicas es probablemente de importancia en la patogenia de la enfermedad.

Causas

La Erisipela es causada generalmente por estreptococos del grupo A.

Síntomas

El inicio del cuadro es súbito, afectando al estado general, con fiebre elevada, escalofríos, vómitos y aparición en la piel de una placa rojiza, hinchada, caliente y dolorosa bien delimitada.
La lesión se extiende “en llamarada”, con un borde de avance claro que origina una zona elevada y brillante. El paciente nota sensación de tirantez en la zona afectada.
A consecuencia de la hinchazón intensa, se pueden formar ampollas con contenido claro o hemorrágico, que al romperse dejan ulceraciones. A veces, se producen extensas áreas de destrucción, empeorando el pronóstico.
Las localizaciones preferentes en adultos son las extremidades inferiores y la cara. En los lactantes, aparece sobre todo en el abdomen a partir del cordón umbilical.
La erisipela de las extremidades inferiores en la actualidad es más frecuente, y aparece a menudo en alteraciones tróficas: hinchazón de la extremidad con aparición de eczemas o insuficiencia venosa o arterial. El aspecto es el de una extremidad hinchada, roja, dolorosa que se puede acompañar de fiebre y de adenopatías (ganglios aumentados de tamaño) en las ingles.
La principal complicación local de la erisipela es la extensión en profundidad produciendo infecciones más importantes: celulitis, fascitis, miositis y abcesos. También pueden aparecer complicaciones generales como glomerulonefritis (afectación del riñón) o sepsis (paso del germen a la sangre).

Diagnóstico

En el 90% de los casos la erisipela se localiza en las piernas. Otros sitios involucrados son los brazos, la cara y los muslos (pacientes con cirugía de cadera). La entidad se caracteriza por la presentación súbita, con fiebre unas horas antes de la aparición de los signos cutáneos, que generalmente es más alta en pacientes con celulitis y fascitis. Puede estar sin embargo ausente en 15% de los pacientes. El eritema se extiende gradualmente por la pierna, y se acompaña de edema y dolor. La placa es bien delimitada y se extiende unos 5 a 25 cm por día, sin involución central. Otras puertas de entrada incluyen úlceras, dermatitis por éstasis venosa y úlceras superficiales.

Tratamiento

Es fundamental el reposo por algunos días. Si la Erisipela está en las piernas levantarlas y cuando comience a caminar usar medias elásticas. Además del tratamiento antibiótico para matar a la bacteria se debe dar tratamiento para aliviar el dolor y bajar la fiebre como ibuprofeno 400 mg cada 6 a 8 horas.
Con antibióticos adecuados la regresión de la fiebre y la detención del
avance de la placa inflamada y dolorosa sobre la piel se produce en 1 a
3 días.
Las diferentes opciones de tratamiento antibiótico por boca con comprimidos son:
  • Cefalexina 500 mg cada 6 hs.
  • Amoxicilina 1,5 gramos cada 8 horas.
  • Trimetoprima /Sulfametoxazol 800mg/160mg (Bactrim forte®) cada 12 horas.
  • Azitromicina 500 mg por día por 6 días.
El tratamiento debe ser continuado por 10 a 20 días.
En casos severos se requiere internación para tratamiento endovenosos con penicilina u otros antibióticos como ciprofloxacina, vancomicina, clindamicina.

Prevención

La prevención implica un tratamiento adecuado y completo de las infecciones estreptocócicas, incluyendo faringitis estreptocócicas y heridas infectadas.
Mantenga la piel sana evitando la piel seca y previniendo cortaduras y raspaduras, lo cual puede reducir el riesgo de sufrir erisipela.
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La Hemofilia

Hemofilia

La hemofilia es un trastorno hereditario poco común en el cual la sangre no coagula normalmente.
Las personas que tienen hemofilia pueden sangrar mucho tiempo después de una lesión o un accidente. También pueden sangrar por las rodillas, tobillos y codos. La hemorragia en las articulaciones provoca dolor y, cuando no se trata, puede conducir a artritis. Las hemorragias cerebrales constituyen una complicación muy seria de la hemofilia y requieren tratamiento de emergencia.

Causas

Las personas que tienen hemofilia hereditaria nacen con este trastorno. La hemofilia se debe a una alteración en uno de los genes que determinan la manera en que el organismo produce el factor VIII o IX de coagulación. Estos genes están situados en los cromosomas X.
Los cromosomas están dispuestos en pares. Las mujeres tienen dos cromosomas X, mientras que los varones tienen un cromosoma X y un cromosoma Y. Sólo el cromosoma X contiene los genes relacionados con los factores de coagulación.
Un varón que tenga el gen anormal en su cromosoma X sufrirá hemofilia. Una mujer debe tener el gen anormal en ambos cromosomas X para tener hemofilia. Esta situación es muy poco común.
La mujer es “portadora” de la hemofilia si tiene el gen anormal en uno de sus cromosomas X. Aunque no sufra la enfermedad, puede transmitir el gen a sus hijos.
Se graficarán dos ejemplos de cómo se hereda el gen de la hemofilia:

Ejemplo 1: herencia de la hemofilia
El diagrama   1 muestra un ejemplo de cómo se hereda el gen de la hemofilia. Aquí,  el padre no tiene hemofilia (es decir, sus cromosomas X y Y son normales). La madre es portadora de la hemofilia (es decir, tiene un cromosoma X anormal y un cromosoma X normal).
Cada una de las hijas tiene una probabilidad del 50 por ciento de heredar el gen anormal de su madre y ser portadora de la enfermedad. Cada uno de los hijos varones tiene una probabilidad del 50 por ciento de heredar el gen anormal de su madre y sufrir hemofilia.

Ejemplo 2: herencia de la hemofilia

El ejemplo 2 muestra  cómo se hereda el gen de la hemofilia. En este ejemplo, el padre tiene hemofilia (es decir, su cromosoma X es anormal). La madre no es portadora de la hemofilia (es decir, tiene dos cromosomas X normales). Cada una de las hijas heredará el gen anormal de su padre y será portadora de la enfermedad. Ninguno de los hijos varones heredará el gen anormal de su padre y, por lo tanto, ninguno tendrá hemofilia.
Por lo general, las mujeres portadoras no tienen problemas de sangrado porque tienen suficientes factores de coagulación debido a la presencia de un cromosoma X normal.
Muy raras veces nace una niña con hemofilia. Esto puede suceder si el padre tiene hemofilia y la madre es portadora de la enfermedad.
Algunos varones que tienen hemofilia nacen de madres que no son portadoras. En estos casos ha ocurrido una mutación (un cambio al azar) en el gen cuando el gen pasó al niño.

Síntomas

La característica principal de la Hemofilia A y B es la hemartrosis y el sangrado prolongado espontáneo. Las hemorragias más graves son las que se producen en articulaciones, cerebro, ojo, lengua, garganta, riñones, hemorragias digestivas, genitales, etc.
La manifestación clínica más frecuente en los hemofílicos es la hemartrosis, sangrado intraarticular que afecta especialmente a las articulaciones de un solo eje como la rodilla, el codo o el tobillo. Si se produce una hemartrosis en repetidas ocasiones en una articulación, se origina una deformidad y atrofia muscular llamada Artropatía hemofílica.

Diagnóstico

El diagnóstico molecular de una enfermedad genética como la hemofilia consiste en la identificación del defecto o mutación en el gen o bien en la identificación del cromosoma que es portador del gen defectuoso.

Esto tiene una repercusión directa ya que posibilita la realización de un adecuado consejo genético y diagnóstico prenatal a los miembros de la familia que así lo soliciten.
La identificación del cromosoma portador del gen mutado se realiza mediante los estudios de ligamiento: se utilizan marcadores polimórficos cercanos a los genes responsables que permiten relacionar un cromosoma determinado de la familia estudiada con la manifestación de la enfermedad.

Estas técnicas, sin embargo, tienen una serie de limitaciones que condicionan su uso, como pueden ser los casos esporádicos, las familias no informativas para los polimorfismos o la ausencia de al menos un familiar hemofílico vivo.

Tratamiento

El tratamiento, debe ser inmediato y consiste en la administración del factor coagulante ausente en las primeras señales de sangrado. Es importante considerar que como el factor de coagulación se obtiene de varios donadores de sangre, aunque se trate de una sola transfusión, los hemofílicos enfrentan un alto riesgo de contraer hepatitis, SIDA y otras enfermedades de naturaleza sanguínea, por lo que la sangre donada debe ser certificada y muy bien analizada antes de su administración.
Por ello es importante que todos los hemolíticos sean vacunados contra la hepatitis en los tiempos establecidos por los programas de vacunación y de forma muy especial.
El factor faltante también puede conseguirse por laboratorio, la terapia de reemplazo del factor se debe hacer en el hogar o en hospital, siempre que se sepa cómo hacerlo para no provocar una nueva hemorragia. Ya que todo sangrado puede convertirse en una situación crítica y emergente, el control de esta enfermedad debe estar a cargo de un profesional especializado en enfermedades de la sangre o sea un médico hematólogo.
En caso de presentar dolor e hinchazón en las articulaciones, se pueden administrar antiinflamatorios, aplicar compresas de hielo, que ayudan además a reducir el sangrado. El hidromasaje puede ayudar a reducir el dolor, pero no debe hacerse con agua caliente o tibia, ya que el calor favorece la hemorragia.
En la nutrición de los enfermos hemolíticos, no deben faltar alimentos y complementos que contengan calcio, niacina y vitaminas C y K, que ayudan en el proceso de coagulación.
Dado que este problema puede ocasionar discapacidad motora, es conveniente que un fisioterapeuta establezca un programa de ejercicios que ayude a mantener la capacidad total de movimientos.

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