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Hepatitis Alcohólica

Hepatitis Alcohólica

Hepatitis AlcohólicaEs la inflamación del hígado causada por el consumo de alcohol. Aunque la hepatitis alcohólica es más probable que ocurra en personas que beben en exceso durante muchos años, la relación entre el consumo y la hepatitis alcohólica es compleja. No todos los grandes bebedores desarrollan hepatitis alcohólica, y la enfermedad puede ocurrir en personas que beben moderadamente.
Si se le ha diagnosticado hepatitis alcohólica, debe dejar de tomar alcohol. Las personas que continúan ingiriendo alcohol se enfrentan a un alto riesgo de daño hepático grave y hasta la muerte.

Causas

La hepatitis alcohólica se produce cuando el hígado está dañado por el alcohol que absorbe. Cómo daña el alcohol al hígado y por qué a una minoría de alcohólicos, todavía no está claro. Lo que se sabe es que el proceso de descomposición de etanol – alcohol en cerveza, vino y licor – produce productos químicos altamente tóxicos, como el acetaldehído. Estos productos químicos causan inflamación que destruye las células del hígado. Con el tiempo, las cicatrices en forma de banda y pequeños nudos de tejido reemplazan el tejido sano del hígado, lo que interfiere con la capacidad del hígado para funcionar. Esta cicatrización irreversible, llamada cirrosis, es la etapa final de la enfermedad hepática alcohólica.

Síntomas

La coloración amarillenta de la piel y la esclerótica de los ojos (ictericia) y el aumento de la circunferencia (debido a la acumulación de líquido) son los signos más comunes de la hepatitis alcohólica que llevan a las personas a buscar atención médica.
Las personas también pueden quejarse de:
• Pérdida del apetito
• Náuseas y vómitos
• Sensibilidad y dolor abdominal
• Pérdida de peso

Casi todo el que tiene hepatitis alcohólica está desnutrido. Beber grandes cantidades de alcohol suprime el apetito, y los alcohólicos obtienen la mayor parte de sus calorías en forma de alcohol.
Los signos y síntomas de la hepatitis alcohólica grave incluyen:

• Retienen grandes cantidades de líquido en la cavidad abdominal (ascitis)
• Confusión y cambios en el comportamiento debido al daño cerebral causado por la acumulación de toxinas (encefalopatía)
• Insuficiencia renal y hepática
La hepatitis alcohólica es una enfermedad grave. Hasta un 35 por ciento de los bebedores empedernidos desarrollan hepatitis alcohólica. Y más de un tercio de ellos mueren dentro de los seis meses después que los signos y síntomas comienzan a aparecer.

Diagnostico

La enfermedad hepática alcohólica se Identifica, dependiendo de dos cosas principales:
• Evidencia de consumo excesivo de alcohol
• Evidencia de enfermedad hepática

El consumo de alcohol
El médico deberá conocer su historia de consumo de alcohol. Es importante ser honesto al describir los hábitos de consumo. El médico puede solicitar entrevista a los miembros de la familia sobre su consumo de alcohol. Muchas personas con la enfermedad podrían tener lesiones en la piel conocidas como arañas vasculares.
Las pruebas para detectar la enfermedad hepática alcohólica pueden ser: enfermedad de hígado:
• Pruebas de función hepática (incluyendo relación internacional normalizada, bilirrubina total y albúmina)
• Hemograma completo
• Ultrasonido, tomografía computarizada o resonancia magnética del hígado
• Los análisis de sangre para descartar otras causas de enfermedad hepática

Tratamiento

Si ha sido diagnosticado con hepatitis alcohólica, debe dejar de consuimr alcohol. Es la única manera posiblemente de revertir el daño hepático. Muchas personas que dejan de beber tienen dramática mejoría en los síntomas en tan sólo unos meses. Si continúa consumiendo alcohol, es muy probable que sufra complicaciones graves.
Si es dependiente del alcohol y quiere dejar de beber, el puede recomendar una terapia que se adapte a sus necesidades. Esto podría incluir medicamentos, consejería, Alcohólicos Anónimos, un programa de tratamiento ambulatorio o una hospitalización residencial.

El tratamiento para la desnutrición
El médico puede recomendar una dieta especial para revertir las deficiencias nutricionales que ocurren a menudo en las personas con hepatitis alcohólica. Si se tiene problemas para comer lo suficiente como para obtener las vitaminas y nutrientes que su cuerpo necesita, el médico puede recomendar la alimentación por sonda. Esto puede implicar pasar un tubo por la garganta hasta el estómago. Una dieta especial rica en nutrientes líquido se pasa entonces a través del tubo.

Los medicamentos para reducir la inflamación del hígado
Se podría recomendar medicamentos corticosteroides si tiene hepatitis alcohólica grave. Estos fármacos han mostrado algún beneficio a corto plazo para aumentar la supervivencia. Los esteroides tienen efectos secundarios significativos y no se recomienda si tiene problemas de riñones, hemorragia digestiva o infección. Alrededor del 40 por ciento de las personas no responden a los corticosteroides. También se puede recomendar la pentoxifilina, especialmente si los corticosteroides no trabajan para el afectado.

Trasplante de hígado
Para muchas personas con hepatitis alcohólica grave, el trasplante de hígado es la única esperanza para evitar la muerte. Las tasas de supervivencia en el trasplante de hígado por hepatitis alcohólica son similares a los de las otras formas de hepatitis, superior al 70 por ciento de supervivencia a cinco años.
Sin embargo, la mayoría de los centros médicos son reacios a realizar trasplantes de hígado en personas con enfermedad hepática alcohólica debido al temor a que retome el alcohol después de la cirugía. Para la mayoría de las personas con hepatitis alcohólica, la enfermedad se considera una contraindicación para el trasplante de hígado en la mayoría de centros de trasplante en los EE.UU.

Prevención

Se puede reducir el riesgo de hepatitis alcohólica si se considera los siguientes aspectos:

  • Beber alcohol con moderación, aunque lo ideal sería no consumir. Si decide tomar alcohol, hágalo con moderación. Para los adultos sanos, implica una bebida al día para las mujeres de todas las edades y los hombres mayores de 65 años, y hasta dos bebidas al día para los hombres de 65 años y menores de edad. La única manera segura de evitar la enfermedad es evitar todas las bebidas alcohólicas. Si alguna vez ha sido diagnosticado con hepatitis alcohólica, no debe consumir alcohol.
  • Revise la etiqueta antes de mezclar medicamentos con alcohol. Revise la etiqueta de medicamentos para las advertencias sobre el consumo de alcohol. Consulte al médico si es seguro beber alcohol mientras está tomando medicamentos recetados. No debe tomar alcohol mientras esté tomando medicamentos que advierten complicaciones cuando se combina con alcohol, especialmente para el exceso de analgésicos de venta libre como el acetaminofeno (Tylenol, otros).
  • Protéjase de la hepatitis C. La hepatitis C es una enfermedad del hígado altamente infecciosa causada por un virus. Sin tratamiento, puede conducir a la cirrosis. Si tiene hepatitis C y bebe alcohol, es mucho más propenso a desarrollar cirrosis que alguien que no bebe, porque no hay vacuna para prevenir la hepatitis C, la única manera de protegerse es evitar la exposición al virus. La parafernalia de drogas contaminadas es responsable de la mayoría de los nuevos casos de hepatitis C. No comparta agujas ni demás parafernalia de drogas. La hepatitis C a veces puede transmitirse por vía sexual. Si no está absolutamente seguro del estado de salud de un compañero sexual, use un condón nuevo cada vez que tenga relaciones sexuales. Consulte al médico si tiene o ha tenido hepatitis C o cree que puede haber estado expuesto al virus.
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La cirrosis

La cirrosis

La cirrosis es la consecuencia de un daño acumulado en el hígado, habitualmente durante varios años, que se caracteriza por la acumulación de fibrosis (“cicatrices”) en el tejido hepático. Estos cambios del tejido interfieren con la estructura y funcionamiento normal del hígado, ocasionando serias complicaciones en la circulación de la sangre a través de dicho órgano y en sus funciones.

Causas

Por lo general, se clasifica a los pacientes cirróticos según el grado de alteración del hígado y la causa que lo ha provocado (en algunas ocasiones ésta será desconocida, eso es lo que en medicina se denomina ‘criptogenético’ o ‘idiopático’). Así se suele hablar de cirrosis alcohólica, cirrosis biliar, cirrosis cardiaca, metabólica, hereditaria, producida por medicamentos, y criptogenética.
La cirrosis hepática tiene muchas causas. Las más frecuentes en nuestro país son el alcohol, el virus de la hepatitis C y el virus de la hepatitis B. En algunas ocasiones, los pacientes tienen más de un factor desencadenante, con lo que la aparición de cirrosis se acelera.
La ingesta excesiva de alcohol, es la causa más frecuente de cirrosis en el mundo occidental. En España un 40-50% de los casos de cirrosis están producidos por este factor. Se considera que el tiempo mínimo de alcoholismo necesario para que el tóxico origine una cirrosis es de 10 años. Sin embargo, no todos los pacientes cirróticos han tenido que ser bebedores previamente. Lo que sí se sabe es que, además de ser responsable, por sí mismo, de muchos casos de cirrosis, el alcohol también contribuye a empeorar la función del hígado en pacientes con enfermedades hepáticas de otro origen.
El virus de la hepatitis C: El 40% de los pacientes cirróticos en España por ejemplo,  presenta un infección crónica por este virus, que se demuestra por la presencia de anticuerpos específicos (defensas que produce el organismo) o partículas de virus detectados en la sangre. Alguno de estos pacientes fueron contagiados por recibirtransfusiones de sangre antes de 1991, cuando no se conocía el virus y no se hacían pruebas adecuadas a la sangre para comprobar su presencia.
El virus de la hepatitis B: Otro ejemplo, un 10% de los pacientes con cirrosis en España tienen una infección crónica por el virus B. Este porcentaje es superior en países como Japón o los países del sudeste asiático, donde es más frecuente.
Otras infecciones: La esquistosomiasis, típica de Egipto, o la brucelosis, o la toxoplasmosis pueden producir también hepatitis crónica.
Enfermedades autoinmunes: Aparecen cuando el organismo no reconoce algunas células de nuestro organismo y produce anticuerpos que las destruyen, como si fueran agentes extraños. Si las células que nuestro cuerpo no reconoce son las células hepáticas éste producirá autoanticuerpos (sustancias que ‘atacan’ a los agentes extraños) que paulatinamente irán destruyendo las células del hígado.
Los defectos en las vías biliares: Son conductos que van recogiendo la bilis que se produce en el hígado y conduciéndola hacia la vesícula y el intestino. Se pueden obstruir por problemas congénitos, de modo que los niños nacen con la alteración y desarrollan la cirrosis en los primeros años de vida. Tanto las vías de pequeño como las de gran tamaño pueden obstruirse. Cuando lo hacen las pequeñas, se puede producir la cirrosis, siendo menos frecuente que ocurra si existe obstrucción de grandes vías. Éstas últimas suelen dar lugar a síntomas precoces que hacen que los pacientes sean diagnosticados y tratados pronto, evitándose la progresión de la enfermedad.
La fibrosis quística: es una enfermedad hereditaria por la cual se alteran algunas glándulas de nuestro organismo. En algunos pacientes se puede producir inflamación incluso cirrosis hepática.
Hemocromatosis: algunos individuos absorben más cantidad de hierro de lo necesario. Este exceso se deposita en diferentes tejidos del organismo a los que va destruyendo. El hígado es uno de los órganos que se pueden ver afectados por esta enfermedad, llegando a producirse una cirrosis si no se detecta a tiempo. Se trata de una enfermedad hereditaria.
Enfermedad de Wilson: Los individuos que la padecen absorben más cantidad de cobre de la cuenta y es este metal el que al depositarse en el hígado lo lesiona. También es una enfermedad hereditaria, por lo que cuando un individuo es diagnosticado se debe estudiar a los demás miembros de la familia con el fin de iniciar el tratamiento antes de que aparezca la cirrosis.
Fármacos: En raras ocasiones las lesiones producidas en el hígado por un medicamento son tan graves que pueden dar lugar a una cirrosis. Esto puede ocurrir después de una hepatitis grave producida por un medicamento como el metotrexate (un fármaco que se utiliza para el tratamiento de algunos tumores) la isoniacida, la vitamina A en dosis muy elevadas y algunos otros.
En la mayoría de los casos, con un estudio adecuado, es posible identificar las causas de la cirrosis.

Síntomas

Primeros síntomas. Las personas que tienen cirrosis con frecuencia tienen pocos síntomas al comienzo de la enfermedad. Los dos problemas principales que eventualmente ocasionan síntomas son pérdida del funcionamiento de las células hepáticas y distorsión del hígado causado por la cicatrización. La persona puede experimentar:
  • Fatiga
  • Debilidad y agotamiento
  • Falta de apetito
  • Náuseas
  • Pérdida de peso
Síntomas avanzados:
1. Según disminuye la función hepática, menos proteína es producida por el órgano. Por ejemplo, se produce menos albúmina, lo que resulta en acumulación de agua en las piernas (edema) o en el abdomen (ascites).
2. Sangrado y/o formación de hematomas. Una disminución en las proteínas necesarias para la coagulación sanguínea ocasiona facilidad de sangrado y/o fácil formación de hematomas.
3. Ictericia. La ictericia se caracteriza por la coloración amarillenta de la piel debido a la acumulación del pigmento de la bilis que pasa del hígado a los intestinos.
4. Picor intenso. Algunas personas con cirrosis experimentan picor intenso debido a productos de la bilis que son depositados en la piel.
Piedras en la vesícula. Frecuentemente se forman piedras en la vesícula debido a que no llega suficiente bilis a la vesícula.
Encefalopatía. El hígado de las personas con cirrosis presenta dificultad para remover las toxinas, las cuales se acumulan en la sangre. Estas toxinas pueden ocasionar confusión mental, y degenerar en cambios de personalidad y hasta coma. Los primeros signos de acumulación de toxinas en el cerebro pueden incluir descuido en la apariencia personal, dificultad para concentrarse, cambios en los hábitos de sueño, pérdida de memoria e insensibilidad.
5. Lentitud para metabolizar medicamentos/fármacos. Usualmente los medicamentos/fármacos son metabolizados/filtrados por el hígado. En la cirrosis este proceso se vuelve más lento. Los medicamentos/fármacos se acumulan en el cuerpo por causa de la inhabilidad del hígado de metabolizar los mismos con la debida rapidez. Con frecuencia, las personas con cirrosis son muy sensitivas a los medicamentos y sus efectos secundarios.
6. Hipertensión portal y/o várices. Uno de los problemas más serios que presentan las personas con cirrosis es presión en los vasos sanguíneos que fluyen a través del hígado. Normalmente, la sangre de los intestinos y el bazo es bombeada hacia el hígado a través de la vena portal. Sin embargo, en la cirrosis el flujo normal de la sangre se disminuye, causando presión en la vena portal. Esto produce un bloqueo en el flujo normal de la sangre, lo que ocasiona que el bazo se agrande. La sangre que sale de los intestinos trata de buscar salida a través de la formación de nuevos vasos sanguíneos. Algunos de estos vasos sanguíneos se agrandan (várices). Las várices pueden formarse en el estómago y en el esófago (tubo que conecta la boca con el estómago). Las várices tienen paredes muy frágiles y tienen una presión muy alta. Existe gran riesgo de que se rompan y que ocasionen un problema serio de sangrado en la parte superior del estómago o el esófago. Si esto ocurre, la vida de la persona corre peligro y hay que tomar acción rápida para detener el sangrado.

Diagnóstico

El diagnóstico de cirrosis conlleva la valoración clínica del paciente, una analítica y algunas pruebas de imagen. La biopsia hepática permite además ver el grado de afectación del tejido hepático y, en ocasiones, ayuda a hacer el diagnóstico de la causa de la enfermedad. Los médicos deben diagnosticar por un lado la presencia de una cirrosis, e intentar determinar cuál ha sido la causa de la misma.
En el examen físico que se le hace al paciente se puede palpar un hígado duro con borde irregular y aumentado de tamaño. Este hígado grande generalmente no es doloroso. Sin embargo, cuando la enfermedad está muy evolucionada el hígado suele tener tamaño reducido. Se puede encontrar líquido en el abdomen (ascitis) y un bazo grande. Los pacientes pueden tener las palmas de las manos enrojecidas, las parótidas (glándulas que producen saliva y que se encuentran a ambos lados de las mejillas) aumentadas de tamaño, y arañas vasculares en la piel (dilatación de capilares sanguíneos a modos de patas de araña). También se pueden alterar las uñas, curvándose y adquiriendo un tono opaco.
En los análisis de sangre se ve si hay anemia (menos cantidad de glóbulos rojos de lo habitual). Es frecuente que en fases avanzadas disminuyan los glóbulos rojos y las plaquetas. Esto suele ser debido a que el bazo (órgano situado detrás del estómago, cuya principal función es la de eliminar las células de la sangre cuando están viejas, y que sirve también para la defensa de algunas infecciones) está aumentado de tamaño y trabaja más de la cuenta, eliminando estas células antes de tiempo. Son frecuentes las alteraciones en las pruebas de coagulación de la sangre. La cantidad de proteínas también está disminuida. Puede elevarse las cifras de bilirrubina y los enzimas del hígado (transaminasas) y de amoníaco en sangre.
Los análisis, además sirven para detectar la presencia de virus en la sangre, la cantidad de hierro que existe, si hay cobre en exceso o si existen auto anticuerpos (sustancias que pueden atacar nuestras células hepáticas hasta destruirlas), ayudando así al diagnóstico de la causa de cirrosis.
En los estudios radiográficos se suele hacer una ecografía abdominal que puede demostrar el hígado aumentado de tamaño y/o desestructurado. También pueden verse incrementados el bazo y la dilatación de las venas que salen y entran del hígado. Para llegar al diagnóstico de cirrosis hay que realizar una prueba de imagen que permita ver el grado de afectación del hígado y descartar otras enfermedades (tumores, obstrucciones de la vía biliar etc.). Por ello, siempre se realizará una prueba de imagen en la fase inicial del estudio. La ecografía es la que se usa con más frecuencia por ser fácil y rápida de realizar y porque aporta mucha información. Otras pruebas como el scáner o la resonancia magnética del hígado ayudan también a ver el grado de afectación y a descartar otras lesiones o enfermedades asociadas. Sin embargo, en la mayoría de las ocasiones no es necesario realizarlas para tener el diagnóstico si ya se ha hecho una ecografía.
La gastroscopia consiste en la introducción de un tubo flexible a través de la boca que llega hasta el estómago y el intestino, con una cámara de vídeo en uno de sus extremos que va grabando los sitios por los que pasa. Permite ver las varices esofágicas y el estómago. Se hará a muchos pacientes, incluso cuando no tienen síntomas, porque ayuda a saber el grado de afectación de la enfermedad. Además se utiliza en ocasiones cuando hay sangrado digestivo, para ver el origen del mismo y para administrar algunos tratamientos.
La biopsia hepática ayuda a conocer el grado de afectación o fibrosis del hígado. La prueba consiste en coger un trozo de hígado para luego mirar por el microscopio su estructura y comprobar la cantidad de tejido normal que ha sido sustituido por tejido cicatricial. Para obtener la muestra se suele localizar la zona del hígado más adecuada con una ecografía. Posteriormente, se anestesia localmente la piel y se pincha al paciente con una aguja de grueso tamaño con la que se obtiene una muestra de hígado. No es necesario abrir al enfermo ni precisa anestesia general. No suele haber complicaciones, aunque en ocasiones los pacientes pueden sangrar. En la mayoría de los hospitales no es preciso ingresar al sujeto para realizársela y se hace de forma ambulatoria. En situaciones excepcionales se utilizará la cirugía para obtener la muestra.
La biopsia sirve también para determinar la causa de la cirrosis. Por ejemplo, en enfermedades como la hemocromatosis se observa gran cantidad de hierro en el hígado, o en la enfermedad de Wilson se ve el cobre. En algunas ocasiones, la biopsia es la única forma de hacer un diagnóstico seguro: ayuda a saber la causa y ayuda a ver el grado de afectación. En otras, la biopsia se utiliza sólo para saber el grado de afectación, puesto que la causa se ha podido determinar con análisis de sangre (por ejemplo, en la cirrosis por virus C o B).
En muchos casos la historia clínica puede determinar la causa de la cirrosis. Por ejemplo, los pacientes que tienen antecedentes de consumo excesivo de alcohol, junto con alteraciones en la analítica y la exploración y una ecografía con datos de afectación hepática, son diagnosticados de cirrosis sin precisar muestra de tejido hepático. En otros casos es necesario tomar una muestra y analizarla para saber la causa de la enfermedad.

Tratamiento

La cirrosis no tiene curación, pues el daño hepático es irreversible, aunque su progresión es muy lenta. No existe ningún tratamiento que modifique la historia natural de la enfermedad. El tratamiento de la cirrosis ha de dirigirse a evitar o controlar las complicaciones derivadas.
Medidas generales en el tratamiento de la cirrosis
Aunque esta enfermedad es irreversible, es posible tomar diferentes medidas para reducir el daño hepático:
  1. Dejar el alcohol.
  2. Limitar el uso de fármacos. Al existir una deficiente función hepática, no se pueden metabolizar y eliminar bien la mayoría de los medicamentos.
  3. Evitar otras enfermedades. La lesión del hígado provoca en el organismo una mayor dificultad para combatir las infecciones, lo que las hace más peligrosas para estos pacientes. Es muy importante que los cirróticos eviten el contacto con posibles focos de infección y se vacunen contra las hepatitis víricas A y B, la gripe y la neumonía neumocócica.
  4. Tener una alimentación rica en frutas, verduras y cereales. En ocasiones es necesaria la administración de suplementos vitamínicos (vitaminas A, D y K). Entre los consejos dietéticos, también se incluye la restricción de la sal en las comidas, para evitar la acumulación de líquidos. En la cirrosis es fundamental que la dieta no contenga excesivas proteínas porque pueden favorecer el desarrollo de una encefalopatía hepática.
Tratamiento farmacológico
En general, el paciente con cirrosis no complicada no precisa ningún tratamiento, salvo que su cirrosis se deba a una enfermedad que requiera un tratamiento específico.
El control de las varices esofágicas, para evitar que se rompan y produzcan un sangrado digestivo, se puede realizar mediante fármacos que reduzcan la presión venosa, y técnicas quirúrgicas que consistan en cerrar estas varices.
La acumulación excesiva de líquido se puede reducir mediante la administración de diuréticos que ayuden a eliminarlo.
El picor que puede producirse por las altas concentraciones de metabolitos en la sangre, se puede tratar mediante colestiramina u otros medicamentos.
El tratamiento de la encefalopatía hepática se realiza con laxantes y antibióticos, para reducir los niveles de amoniaco en sangre.
Trasplante hepático
En todos los casos y, especialmente, en situación terminal, es posible la realización de un trasplante de hígado. Este es el tratamiento de la cirrosis definitivo.
Generalmente este tipo de tratamiento se indica cuando la enfermedad se encuentra ya tan avanzada que el hígado no puede funcionar. La tasa de éxito del trasplante hepático supera actualmente el 90%. El problema se plantea cuando la cirrosis está relacionada con la hepatitis viral, porque esta enfermedad puede reaparecer en el hígado trasplantado.

Prevención

No tome alcohol en exceso. Si  cree que su problema de consumo de alcohol en sí se le está saliendo de las manos, busque ayuda profesional.
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HEPATITIS B

HEPATITIS B

La hepatitis B, llamada VHB (virus de hepatitis B), es un virus que infecta al hígado (el hígado ayuda a digerir la comida y mantiene la sangre saludable). Actualmente es la única ETS que se puede prevenir con una vacuna.
Cualquier persona puede contraer hepatitis B. Las personas que tienen relaciones sexuales sin protección o usan drogas inyectables tienen más probabilidades de contraer hepatitis B.

Causas

La infección por hepatitis B se puede propagar a través del contacto con sangre, semen, flujos vaginales y otros fluidos corporales de alguien que ya tiene esta infección.
La infección se puede propagar a través de:
•    Transfusiones de sangre (infrecuente en Estados Unidos)
•    Contacto directo con sangre en escenarios de atención médica
•    Contacto sexual con una persona infectada
•    Tatuajes o acupuntura con agujas o instrumentos que no estén limpios
•    Agujas compartidas al consumir drogas
•    Compartir elementos personales (como cepillo de dientes, máquinas de afeitar y cortauñas) con una persona infectada
El virus de la hepatitis B se le puede transmitir a un bebé durante el parto si la madre está infectada.
Los factores de riesgo que predisponen a la infección por hepatitis B abarcan:
•    Nacer o tener padres que nacieron en regiones con altas tasas de infección (incluyendo Asia, África y el Caribe)
•    Estar infectado con VIH
•    Estar en hemodiálisis
•    Tener múltiples compañeros sexuales
•    Hombres homosexuales
La mayor parte del daño del virus de la hepatitis B ocurre debido a la forma como el cuerpo responde a la infección. Cuando el sistema inmunitario del cuerpo detecta la infección, envía células especiales para combatirla. Sin embargo, estas células que combaten la enfermedad pueden llevar a la inflamación del hígado

Síntomas

Muchas personas no tienen síntomas. Algunas personas pueden tener hepatitis B sin tener ningún síntoma y luego volverse inmunes (lo cual significa que están protegidas contra infecciones futuras por hepatitis B). Algunas personas pueden tener síntomas que desaparecen y luego volverse inmunes. Otras contraen el virus y nunca se vuelven inmunes. Estas personas son portadoras y pueden continuar transmitiendo el virus a otros, aun años después. Si una persona tiene síntomas, éstos pueden tardar entre 6 semanas y 6 meses en aparecer después de la infección con hepatitis B. Muchas personas con hepatitis B tienen síntomas parecidos a los de la gripe. Los síntomas pueden incluir:
•    Cansancio, falta de energía
•    Pérdida del apetito y de peso
•    Fiebre
•    Tono amarillento de la piel o los ojos (ictericia)
•    Dolor muscular o de articulaciones
•    Dolor de estómago
•    Náusea, vómitos
•    Diarrea
•    Orina de color oscuro
•    Evacuaciones (movimientos intestinales) de color claro
•    Hígado hinchado y sensible al tacto (el proveedor de cuidados de salud lo detecta durante el examen médico)

Diagnóstico

La hepatitis B se diagnostica por medio de análisis de sangre, que también indican si tiene hepatitis B crónica u otro tipo de hepatitis.
El médico puede sugerirle hacer una biopsia de hígado si sospecha que usted tiene hepatitis B crónica. Una biopsia de hígado es una prueba para detectar daño al hígado. El médico extrae un pedazo muy pequeñito de su hígado con una aguja. Ese fragmento de hígado se analiza con un microscopio.

Tratamiento

La hepatitis aguda no necesita un tratamiento diferente al monitoreo cuidadoso de la función hepática, lo cual implica exámenes de sangre. En el raro caso en que usted desarrolle insuficiencia hepática, se lo debe monitorear en un hospital hasta que se recupere o hasta que sea necesario un trasplante de hígado. El trasplante es la única cura en algunos casos de insuficiencia hepática.
El daño hepático le dificulta al hígado la descomposición de las proteínas, así que reduzca su ingesta. Usted tomará medicamentos para limitar la producción de proteínas por parte de las bacterias en el cuerpo.
Los pacientes con hepatitis crónica se tratan con antivirales. La hepatitis B no se puede curar, pero estos medicamentos pueden ayudar a disminuir la infección. El trasplante de hígado se utiliza para tratar la enfermedad hepática por hepatitis B crónica terminal.

Prevención

Todos los niños deben recibir su primera dosis de la vacuna contra la hepatitis B al nacer y completar la serie de tres dosis a la edad de 6 meses. Los niños menores de 19 meses que no hayan sido vacunados deben recibir dosis “de recuperación”.
Las personas que están en alto riesgo, incluyendo los trabajadores de la salud y aquellos que conviven con alguien con hepatitis B, deben hacerse aplicar la vacuna contra la hepatitis B.
Los bebés nacidos de madres que en el momento tengan hepatitis B aguda o que hayan tenido la infección deben recibir vacunas especiales que incluyen la administración de inmunoglobulina contra la hepatitis B y vacunación contra la hepatitis B dentro de las 12 horas posteriores al nacimiento.
Las pruebas de detección realizadas en toda la sangre donada han reducido la probabilidad de contraer hepatitis B de una transfusión de sangre. La notificación obligatoria de esta enfermedad permite a los trabajadores de la salud del estado hacerles un seguimiento a las personas que han estado expuestas al virus. La vacuna se le aplica a aquellos que aún no han desarrollado la enfermedad.
La vacuna o la inyección de inmunoglobulina contra la hepatitis B (IGHB) pueden ayudar a prevenir la infección por hepatitis B si se administra dentro de las 24 horas posteriores a la exposición.
Medidas en el estilo de vida para prevenir la transmisión de la hepatitis B:

  • Evite el contacto sexual con una persona que padezca hepatitis B crónica o aguda.
  • Use condón y practique relaciones sexuales con precaución.
  • Evite compartir elementos personales, como máquinas de afeitar o cepillos de dientes.
  • No comparta agujas para inyectarse drogas ni otro equipo para el consumo de éstas (como pajillas para inhalar drogas).
  • Limpie los regueros o derrames de sangre con una solución que contenga 1 parte de blanqueador de uso doméstico por 10 partes de agua.

Los virus de la hepatitis B (y hepatitis C) no se pueden propagar por contacto casual, como darse la mano, compartir utensilios para comer o vasos para beber, amamantar, besarse, abrazarse, toser o estornudar

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Cirrosis hepática

Cirrosis hepática

cirrosis hepáticaLa cirrosis hepática es una condición ocasionada por ciertas enfermedades crónicas del hígado que provocan la formación de tejido cicatrizal y daño permanente al hígado. El tejido cicatrizal que se forma en la cirrosis hepática daña la estructura del hígado, bloqueando el flujo de sangre a través del órgano. La pérdida del tejido hepático normal disminuye la capacidad que tiene el hígado de procesar nutrientes, hormonas, fármacos y toxinas. También disminuye la capacidad del hígado para producir proteínas y otras sustancias.

Causas

Entre las principales están:
•    Virus de hepatitis B, hepatitis C, y hepatitis D.
•    Consumo excesivo de alcohol.
•    Hígado graso no alcohólico (también llamada esteatohepatitis no alcohólica): Condición frecuente en la población general, asociada a diabetes y obesidad.
•    Enfermedades autoinmunes: Hepatitis autoinmune y cirrosis biliar primaria.
•    Enfermedades hereditarias o congénitas como:

  1. Hemocromatosis, en la cual se acumula hierro dentro del hígado dañado el tejido.
  2. La enfermedad de Wilson, la cual es causada por una alteración en el transporte del cobre, acumulándose en el hígado y en otros tejidos.

•    Obstrucción prolongada del conducto biliar, como la colangitis esclerosante.
•    Ausencia de proteínas específicas o enzimas para metabolizar diferentes substancias en el hígado, como la deficiencia de alfa 1-antitripsina.
•    Ciertas enfermedades del corazón (insuficiencia cardiaca).
•    Reacción severa a drogas o medicamentos.
•    Exposición prolongada a agentes tóxicos en el medio ambiente.

Diagnóstico

Con frecuencia el médico puede diagnosticar cirrosis por los síntomas que presenta la persona y por pruebas de laboratorio.
Examen físico. Mediante un examen físico el médico puede notar un cambio en el tacto y tamaño del hígado. Su médico golpeará levemente su abdomen en el área que se encuentra sobre el hígado (percusión).  El sonido resultante puede indicar un cambio en el tamaño y posición del hígado. También revisará el estado de salud de su hígado ejerciendo presión en el área circundante. Un hígado normal no se encuentra encogido ni agrandado, y tampoco se encuentra sensible al tacto.
Encogimiento del hígado. La hepatitis crónica puede degenerar en cirrosis o, posiblemente, cáncer del hígado. En los pacientes con cirrosis el hígado comienza a encogerse y se endurece. También ocurre cicatrización del hígado. Este cambio en la estructura del hígado puede resultar en el deterioro permanente de las funciones del hígado.

Síntomas

Primeros síntomas. Las personas que tienen cirrosis con frecuencia tienen pocos síntomas al comienzo de la enfermedad. Los dos problemas principales que eventualmente ocasionan síntomas son pérdida del funcionamiento de las células hepáticas y distorsión del hígado causado por la cicatrización. La persona puede experimentar:
•    fatiga
•    debilidad y agotamiento
•    falta de apetito
•    náuseas
•    pérdida de peso
Síntomas avanzados.
•    Edema y ascites. Según disminuye la función hepática, menos proteína es producida por el órgano. Por ejemplo, se produce menos albúmina, lo que resulta en acumulación de agua en las piernas (edema) o en el abdomen (ascites).
•    Sangrado y/o formación de hematomas. Una disminución en las proteínas necesarias para la coagulación sanguínea ocasiona facilidad de sangrado y/o fácil formación de hematomas.
•    Ictericia. La ictericia se caracteriza por la coloración amarillenta de la piel debido a la acumulación del pigmento de la bilis que pasa del hígado a los intestinos.
•    Picor intenso. Algunas personas con cirrosis experimentan picor intenso debido a productos de la bilis que son depositados en la piel.
•    Piedras en la vesícula. Frecuentemente se forman piedras en la vesícula debido a que no llega suficiente bilis a la vesícula.
•    Encefalopatía. El hígado de las personas con cirrosis presenta dificultad para remover las toxinas, las cuales se acumulan en la sangre. Estas toxinas pueden ocasionar confusión mental, y degenerar en cambios de personalidad y hasta coma. Los primeros signos de acumulación de toxinas en el cerebro pueden incluir descuido en la apariencia personal, dificultad para concentrarse, cambios en los hábitos de sueño, pérdida de memoria e insensibilidad.
•    Lentitud para metabolizar medicamentos/fármacos. Usualmente los medicamentos/fármacos son metabolizados/filtrados por el hígado.  En la cirrosis este proceso se vuelve más lento. Los medicamentos/fármacos se acumulan en el cuerpo por causa de la inhabilidad del hígado de metabolizar los mismos con la debida rapidez. Con frecuencia, las personas con cirrosis son muy sensitivas a los medicamentos y sus efectos secundarios.
•    Hipertensión portal y/o várices. Uno de los problemas más serios que presentan las personas con cirrosis es presión en los vasos sanguíneos que fluyen a través del hígado. Normalmente, la sangre de los intestinos y el bazo es bombeada hacia el hígado a través de la vena portal.  Sin embargo, en la cirrosis el flujo normal de la sangre se disminuye, causando presión en la vena portal.  Esto produce un bloqueo en el flujo normal de la sangre, lo que ocasiona que el bazo se agrande. La sangre que sale de los intestinos trata de buscar salida a través de la formación de nuevos vasos sanguíneos. Algunos de estos vasos sanguíneos se agrandan (várices). Las várices pueden formarse en el estómago y en el esófago (tubo que conecta la boca con el estómago). Las várices tiene paredes muy frágiles y tienen una presión muy alta. Existe gran riesgo de que se rompan y que ocasionen un problema serio de sangrado en la parte superior del estómago o el esófago. Si esto ocurre, la vida de la persona corre peligro y hay que tomar acción rápida para detener el sangrado.

Tratamiento

El tratamiento para la cirrosis depende del tipo de cirrosis que padezca la persona, el tiempo que haya durado la enfermedad y el daño permanente que haya sufrido el hígado. Algunas veces el daño que sufren el hígado se puede corregir si se encuentra la causa específica de la cirrosis y se da el tratamiento adecuado.
•    En el caso de la cirrosis hepatológica, la abstención total y una dieta balanceada son partes importantes del tratamiento.
•    En el caso de la cirrosis secundaria a hepatitis viral, se usan medicamentos para aumentar la respuesta del sistema de inmunidad contra el virus, como el interferón.
•    En casos de cirrosis causada por hepatitis autoinmune, los corticosteroides solos o combinados con la azatioprina pueden ser un tratamiento efectivo.
•    En los pacientes cirróticos con ictericia, el tratamiento suplementario con vitaminas liposolubles pueden ayudarlos.
•    En el caso de la enfermedad de Wilson, se eliminan las cantidades excesivas de cobre en el organismo por medio de medicamentos.
•    En la hemocromatosis, se elimina el exceso de hierro por medio de flebotomías (extracción de sangre).
•    Muchos tipos de cirrosis requieren un trasplante de hígado cuando la insuficiencia hepática está avanzada.

Prevención

Las cosas más importantes que puede hacer una persona para prevenir la cirrosis son:
•    Evitar el consumo de alcohol.
•    Moderar el consumo de sal de mesa (cloruro de sodio)
•    Consultar a un médico por si existe una enfermedad hepática crónica silente que pueda llegar a producir cirrosis.
•    Si un paciente sabe que tiene alguna enfermedad hepática, debe consultar periódicamente con su médico por si es una enfermedad tratable, cuya progresión se pueda evitar (enfermedad alcohólica o hepatitis B o C, por ejemplo).
•    Evitar el consumo de medicamentos o sustancias toxicas para el hígado
•    No tener prácticas sexuales de riesgo
•    No compartir agujas o jeringas con otras personas
•    Vacunación en el caso de la hepatitis B, por ejemplo.

La mejor manera de prevenir la cirrosis es atenerse a los límites de alcohol recomendados:
•    Hombres: Hasta 21 unidades de alcohol por semana
•    Mujeres: Hasta 14 unidades de alcohol por semana
•    Mujeres embarazadas: No deben beber alcohol

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Mes de Concientización sobre la Hepatitis

Mes de Concientización sobre la

Hepatitis

La hepatitis B y la hepatitis C puede convertirse en infecciones crónicas, de larga vida que puede llevar a cáncer de hígado. Millones de estadounidenses están viviendo con hepatitis viral crónica, y muchos no saben que están infectadas.

Aunque mayo es el Mes de Concientización sobre la hepatitis, la hepatitis viral necesita más atención durante todo el año. Uno de los principales resultados del año pasado Instituto de Medicina (IOM) según los profesionales de atención pública y de salud carecían de los conocimientos y la conciencia sobre la hepatitis viral.

El término “hepatitis” significa inflamación del hígado, y se refiere a un grupo de enfermedades, cada una causada por un virus único. En los Estados Unidos, los tipos más comunes de hepatitis viral son La hepatitis A, La hepatitis B, Y La hepatitis C.

Tres hechos importantes acerca de la hepatitis viral
1.    Dos tipos de hepatitis viral, (Hepatitis B y Hepatitis C) puede dar lugar a infecciones crónicas de por vida
2.    Muchas personas con hepatitis viral crónica no saben que están infectados
3.    la hepatitis viral crónica puede causar cáncer de hígado
La hepatitis B y la hepatitis C puede conducir a  infecciones crónicas de por vida
La hepatitis B es una enfermedad del hígado que resulta de la infección por el virus de la hepatitis B. La primera vez infectada, una persona puede desarrollar una “aguda” o infección a corto plazo. Algunas personas son capaces de eliminar el virus, pero en otros, especialmente los infectados al nacer o los niños pequeños, la infección permanece y da lugar a una “crónica”, o de toda la vida, la enfermedad. Mientras que la hepatitis B se puede prevenir con vacunas, muchas personas se infectaron antes de la vacuna contra la hepatitis B se recomienda ampliamente para niños y adultos en situación de riesgo.

La hepatitis C es una enfermedad del hígado que resulta de la infección por el virus de la hepatitis C. La mayoría de las personas que se infectan con el virus – hasta un 85% – llegan a desarrollar una infección crónica. Por razones que se desconocen, alrededor de 15% -25% de las personas “claro” que el virus sin tratamiento.

Muchas personas con hepatitis viral crónica no tiene síntomas y no saben que están infectadas. A pesar de que una persona no tiene síntomas y puede aparecer sana, el virus puede detectarse en la sangre y el daño al hígado todavía puede estar ocurriendo. Los síntomas de la hepatitis viral crónica puede durar hasta 30 años en desarrollarse, y daños en el hígado puede ocurrir en silencio durante este tiempo.

la hepatitis viral crónica puede causar cáncer de hígado
Ambos tipos de hepatitis viral crónica puede causar cáncer de hígado y han contribuido a los aumentos en las tasas de cáncer de hígado en las últimas décadas. Al menos la mitad de nuevos casos de cáncer de hígado son de la hepatitis C crónica

Algunos grupos de población se ven desproporcionadamente afectadas por el cáncer de hígado la hepatitis viral relacionadas. El número de nuevos casos de cáncer de hígado es mayor en Asia y las islas del Pacífico y es cada vez mayor entre los afroamericanos, las personas 46-64 años de edad, y los hombres.

Con la detección temprana, muchas personas pueden obtener la atención y el tratamiento para salvar vidas que pueden limitar la progresión de la enfermedad, prevenir las muertes por cáncer y ayudar a romper el ciclo de saberlo, que se transmite el virus a otras personas. Si usted está preocupado acerca de la hepatitis viral, hable con su profesional de la salud.

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Altos niveles de alcohol aumentan riesgo de cancer

Si bien la bebida ocasional social o una copa de vino en la cena puede hacer poca diferencia en la edad o estado general de salud, mayor consumo de alcohol puede conducir a la vez el envejecimiento prematuro y cáncer. Beber suficiente para calificar como candidato para las reuniones de AA siempre ha demostrado ser perjudiciales para el hígado, la cintura, el cerebro, los senos, y un feto. Un nuevo estudio presentado en la reunión anual de la Asociación Americana para la Investigación del Cáncer añade la gran “C” de dicha lista.

“Los usuarios de alcohol en exceso tienden a parecer trasnochada, y es común pensar que el beber pesado conduce al envejecimiento prematuro y la aparición temprana de las enfermedades del envejecimiento. En particular, consumo excesivo de alcohol se ha asociado con el cáncer en varios lugares “, afirmó el líder de investigación Andrea Bacarelli.
La investigación se centró en el telómero, una región de ADN repetitivo en un cromosoma. Acortamiento del telómero de acción está relacionado con la incidencia de cáncer en seres humanos. Al comparar el ADN en el suero de los consumidores de alcohol en combinación con los bebedores ocasionales, los investigadores encontraron que las longitudes de los telómeros se acorta dramáticamente en los grandes bebedores, siendo aproximadamente la mitad, siempre y cuando la falta de los abusadores.

Si bien el envejecimiento natural provoca un acortamiento de los telómeros, el alcohol añade presión adicional oxidativo y la inflamación y acelera el proceso, aumentando el riesgo de cáncer y causar envejecimiento prematuro y muerte de las células.

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