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Hematomacrosis

Hematomacrosis

HemocromatosisLa Hemocromatosis hereditaria hace que su cuerpo absorba demasiado hierro de los alimentos que consume. El exceso de hierro se almacena en los órganos, especialmente el hígado, corazón y páncreas. Pudiendo envenenar a estos órganos y dando lugar a condiciones peligrosas para la vida, como el cáncer, las arritmias cardíacas y la cirrosis.
Muchas personas heredan los genes defectuosos que causan la hemocromatosis – es la enfermedad genética más común en caucásicos. Sin embargo, sólo una minoría de las personas con los genes desarrolla problemas serios. Hay más probabilidades que sea grave en los hombres que en las mujeres.
El hierro juega un papel esencial en diversas funciones corporales, incluyendo la ayuda en la formación de la sangre. Una hormona llamada péptido hepcidina, secretada por el hígado, es clave en el uso de hierro en el cuerpo. Controla la cantidad de hierro que absorve los intestinos, cómo se utiliza el hierro en varios procesos del cuerpo y cómo se almacena en varios órganos.
En la hemocromatosis, la función normal de la hepcidina se rompe y su cuerpo absorbe más hierro del que necesita. Este exceso de hierro se almacena en los tejidos de los órganos principales, especialmente el hígado. El exceso de hierro es tóxico para el cuerpo, y en período de años, este hierro acumualdo puede provocar daños graves en muchos órganos, lo que lleva a una insuficiencia orgánica y las enfermedades crónicas como la cirrosis, la diabetes y la insuficiencia cardíaca.
Aunque muchas personas tienen genes defectuosos que causan la hemocromatosis, sólo alrededor del 10% de ellos tienen sobrecarga de hierro en la medida en que causa daño a los órganos y tejidos.
Otros tipos de hemocromatosis

  • Hemocromatosis juvenil. Los mismos problemas que causa en los adultos, causa en los jóvenes con hemocromatosis hereditaria. Pero la acumulación de hierro comienza mucho antes y los síntomas suelen aparecer entre las edades de 15 y 30 años. Este trastorno es causado por una mutación en el gen HJV.
  • Hemocromatosis neonatal. En este trastorno grave, el hierro se acumula rápidamente en el hígado del feto en desarrollo. Se cree que es una enfermedad autoinmune, en la que el cuerpo se ataca a sí mismo.
  • Hemocromatosis secundaria. Esta forma de la enfermedad no es hereditaria. Los depósitos de hierro se deben a otras enfermedades, como la anemia, enfermedad hepática crónica o una infección.

Causas

La Hemocromatosis hereditaria es causada por una mutación en un gen que controla la cantidad de hierro que su cuerpo absorbe de los alimentos que consume. Las mutaciones que la causa se transmite de padres a hijos.
El gen que está mutado con mayor frecuencia en personas con hemocromatosis hereditaria es llamado HFE. La persona hereda un gen HFE de cada uno de sus padres. El gen HFE tiene dos mutaciones comunes, C282Y y H63D. Una de estas mutaciones se encuentra en alrededor del 85 por ciento de las personas que tienen la hemocromatosis hereditaria. Las pruebas genéticas pueden revelar si tiene estas mutaciones en el gen HFE.

  • Si se hereda 2 genes anormales, puede desarrollar hemocromatosis. Alrededor del 70 por ciento de las personas que heredan dos genes desarrollan sobrecarga de hierro. También puede transmitir la mutación a sus hijos.
  • Si se hereda 1 gen anormal, no desarrollará la hemocromatosis. Se le considera portador de la mutación de genes y puede transmitir la mutación a sus hijos. Ellos no desarrollan la enfermedad a menos que también hereden otro gen anormal del otro padre.

Síntomas

Los signos y síntomas de la hemocromatosis hereditaria por lo general aparecen en la mediana edad. El hierro puede caer a niveles seguros mediante la eliminación regular de la sangre de su cuerpo.
Algunas personas con hemocromatosis hereditaria nunca tienen síntomas. Los síntomas tempranos a menudo son inespecíficos, imitando los de otras enfermedades comunes. Los síntomas comunes incluyen:
• Dolor en las articulaciones
• Fatiga
• Debilidad

Los primeros signos y síntomas de la enfermedad en los hombres son a menudo de daño en los órganos. Ellos incluyen:
• Dolor en las articulaciones
• Diabetes
• Pérdida del deseo sexual (libido)
• Impotencia
• Insuficiencia cardíaca
Aunque la hemocromatosis hereditaria está presente al nacer, la mayoría de las personas no experimentan signos y síntomas hasta más tarde en la vida por lo general entre las edades de 50 y 60 años en los hombres y después de los 60 años en las mujeres. Las mujeres son más propensas a desarrollar síntomas después de la menopausia, cuando ya no pierden hierro durante la menstruación y el embarazo.
Es recomendable consultar al médico si experimenta cualquiera de los signos y síntomas de la hemocromatosis hereditaria. Si tiene un familiar directo con hemocromatosis, consultar al médico acerca de pruebas genéticas que pueden determinar si ha heredado el gen que aumenta el riesgo de hemocromatosis.

Diagnóstico

La hemocromatosis hereditaria puede ser difícil de diagnosticar. Los primeros síntomas, como rigidez en las articulaciones y fatiga pueden ser el resultado de muchas otras condiciones más comunes de la hemocromatosis. Muchas personas con la enfermedad no presentan signos o síntomas distintos niveles elevados de hierro en la sangre. La mayoría de los casos son identificados por los análisis de sangre anormales hechos por otras razones, o de proyección de los familiares diagnosticados con la enfermedad.

Los análisis de sangre

Las dos pruebas clave para detectar la sobrecarga de hierro son:
Saturación de transferrina sérica. Este examen mide la cantidad de hierro unida a una proteína (transferrina) que transporta el hierro en la sangre. Los valores de saturación de transferrina mayor que el 45 por ciento se consideran demasiado alta.

La ferritina sérica. Este examen mide la cantidad de hierro almacenada en el hígado. Si los resultados de su prueba de saturación de transferrina en suero son más altos de lo normal, deberá consultar al médico para la revisión de ferritina sérica.

Debido a que muchas otras condiciones también pueden causar ferritina elevada, se necesitan ambas pruebas de sangre para diagnosticar el trastorno. Puede que sea necesario repetir estas pruebas repetidas para obtener resultados más precisos.

Pruebas adicionales

Se puede recomendar otras pruebas para confirmar el diagnóstico y buscar soluciones:
Pruebas de función hepática. Estas pruebas pueden ayudar a identificar el daño hepático.
MRI. Una resonancia magnética es una forma rápida y no invasiva de medir el grado de sobrecarga de hierro en el hígado.
Se recomienda pruebas para mutaciones genéticas. Prueba de ADN para las mutaciones en el gen HFE si se tiene niveles altos de hierro en la sangre.
Extracción de muestra de tejido hepático para su exanimación. Si se sospecha de daño en el hígado, el médico puede obtener una muestra del tejido del hígado, mediante una aguja fina. La muestra se envía a un laboratorio para comprobar la presencia de hierro, así como para la evidencia de daño hepático, especialmente cicatrices o cirrosis. Los riesgos de la biopsia incluyen moretones, sangrado e infección.

Evaluar a personas sanas de hemocromatosis
Se recomienda realizar pruebas genéticas para todos los parientes en primer grado (padres, hermanos e hijos) de cualquier persona con diagnóstico de la hemocromatosis. Si una mutación se encuentra en uno de los padres, entonces los niños no necesitan ser probados.

Tratamiento

Eliminación de sangre
Los médicos pueden tratar la hemocromatosis hereditaria de forma segura y eficaz mediante la eliminación de la sangre de su cuerpo (flebotomía) sobre una base regular, tal como si estuviera donando sangre. (De hecho, esta sangre es segura para ser utilizada por otras personas.) El objetivo es reducir los niveles de hierro a la normalidad. La cantidad de sangre extraída depende de la edad, estado general de salud y la gravedad de la sobrecarga de hierro. Pueden pasar varios años para reducir el hierro en el cuerpo a niveles normales.
Esquema de tratamiento inicial. Inicialmente, es posible que tenga una pinta (470 mililitros) de sangre, se toma una o dos veces por semana (por lo general en un hospital o consultorio de su médico). Dependiendo de la condición de las venas y consistencia de la sangre, el tiempo necesario para eliminar una pinta de sangre puede oscilar entre 10 y 30 minutos.
Programa de tratamiento de mantenimiento. Una vez que los niveles de hierro han vuelto a la normalidad, las extracciones de sangre pueden ser menos frecuentes, por lo general cada tres o cuatro meses. Algunas personas pueden mantener los niveles de hierro normales sin extracciones de sangre y algunas pueden necesitar la extracción mensualmente. El tiempo depende de la rapidez con que el hierro se acumula en su cuerpo.

El tratamiento de la hemocromatosis hereditaria puede ayudar a aliviar los síntomas de cansancio, dolor abdominal y oscurecimiento de la piel. Puede ayudar a prevenir complicaciones graves como enfermedad del hígado, enfermedad cardíaca y diabetes. Si ya tiene una de estas condiciones, la flebotomía puede retardar la progresión de la enfermedad e incluso en algunos casos, revertirla.
Si tiene hemocromatosis, pero no hay complicaciones de cirrosis o diabetes, tiene la misma esperanza de vida que una persona sana de la misma edad.
Si tiene cirrosis, el médico puede recomendar una revisión periódica para el cáncer de hígado. Esto implica generalmente una ecografía abdominal y un examen de sangre.

Quelación para aquellos que no pueden someterse a la extracción de sangre

Si no puede someterse a flebotomía, porque tiene anemia o complicaciones del corazón, el médico puede recomendar medicamentos para eliminar el exceso de hierro. El medicamento puede ser inyectado en el cuerpo, o puede ser tomado como una píldora. El medicamento hace que su cuerpo para expulsar hierro a través de la orina o en las heces en un proceso que a veces se llama quelación.

Prevención

La hemocromatosis se puede prevenir solamente con restricciones. Para evitar que surja una hemocromatosis adquirida (siderosis secundaria), es aconsejable evitar posibles desencadenantes, como el abuso del alcohol.
Sin embargo, no existen medidas que puedan prevenir una hemocromatosis hereditaria.

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La cirrosis

La cirrosis

La cirrosis es la consecuencia de un daño acumulado en el hígado, habitualmente durante varios años, que se caracteriza por la acumulación de fibrosis (“cicatrices”) en el tejido hepático. Estos cambios del tejido interfieren con la estructura y funcionamiento normal del hígado, ocasionando serias complicaciones en la circulación de la sangre a través de dicho órgano y en sus funciones.

Causas

Por lo general, se clasifica a los pacientes cirróticos según el grado de alteración del hígado y la causa que lo ha provocado (en algunas ocasiones ésta será desconocida, eso es lo que en medicina se denomina ‘criptogenético’ o ‘idiopático’). Así se suele hablar de cirrosis alcohólica, cirrosis biliar, cirrosis cardiaca, metabólica, hereditaria, producida por medicamentos, y criptogenética.
La cirrosis hepática tiene muchas causas. Las más frecuentes en nuestro país son el alcohol, el virus de la hepatitis C y el virus de la hepatitis B. En algunas ocasiones, los pacientes tienen más de un factor desencadenante, con lo que la aparición de cirrosis se acelera.
La ingesta excesiva de alcohol, es la causa más frecuente de cirrosis en el mundo occidental. En España un 40-50% de los casos de cirrosis están producidos por este factor. Se considera que el tiempo mínimo de alcoholismo necesario para que el tóxico origine una cirrosis es de 10 años. Sin embargo, no todos los pacientes cirróticos han tenido que ser bebedores previamente. Lo que sí se sabe es que, además de ser responsable, por sí mismo, de muchos casos de cirrosis, el alcohol también contribuye a empeorar la función del hígado en pacientes con enfermedades hepáticas de otro origen.
El virus de la hepatitis C: El 40% de los pacientes cirróticos en España por ejemplo,  presenta un infección crónica por este virus, que se demuestra por la presencia de anticuerpos específicos (defensas que produce el organismo) o partículas de virus detectados en la sangre. Alguno de estos pacientes fueron contagiados por recibirtransfusiones de sangre antes de 1991, cuando no se conocía el virus y no se hacían pruebas adecuadas a la sangre para comprobar su presencia.
El virus de la hepatitis B: Otro ejemplo, un 10% de los pacientes con cirrosis en España tienen una infección crónica por el virus B. Este porcentaje es superior en países como Japón o los países del sudeste asiático, donde es más frecuente.
Otras infecciones: La esquistosomiasis, típica de Egipto, o la brucelosis, o la toxoplasmosis pueden producir también hepatitis crónica.
Enfermedades autoinmunes: Aparecen cuando el organismo no reconoce algunas células de nuestro organismo y produce anticuerpos que las destruyen, como si fueran agentes extraños. Si las células que nuestro cuerpo no reconoce son las células hepáticas éste producirá autoanticuerpos (sustancias que ‘atacan’ a los agentes extraños) que paulatinamente irán destruyendo las células del hígado.
Los defectos en las vías biliares: Son conductos que van recogiendo la bilis que se produce en el hígado y conduciéndola hacia la vesícula y el intestino. Se pueden obstruir por problemas congénitos, de modo que los niños nacen con la alteración y desarrollan la cirrosis en los primeros años de vida. Tanto las vías de pequeño como las de gran tamaño pueden obstruirse. Cuando lo hacen las pequeñas, se puede producir la cirrosis, siendo menos frecuente que ocurra si existe obstrucción de grandes vías. Éstas últimas suelen dar lugar a síntomas precoces que hacen que los pacientes sean diagnosticados y tratados pronto, evitándose la progresión de la enfermedad.
La fibrosis quística: es una enfermedad hereditaria por la cual se alteran algunas glándulas de nuestro organismo. En algunos pacientes se puede producir inflamación incluso cirrosis hepática.
Hemocromatosis: algunos individuos absorben más cantidad de hierro de lo necesario. Este exceso se deposita en diferentes tejidos del organismo a los que va destruyendo. El hígado es uno de los órganos que se pueden ver afectados por esta enfermedad, llegando a producirse una cirrosis si no se detecta a tiempo. Se trata de una enfermedad hereditaria.
Enfermedad de Wilson: Los individuos que la padecen absorben más cantidad de cobre de la cuenta y es este metal el que al depositarse en el hígado lo lesiona. También es una enfermedad hereditaria, por lo que cuando un individuo es diagnosticado se debe estudiar a los demás miembros de la familia con el fin de iniciar el tratamiento antes de que aparezca la cirrosis.
Fármacos: En raras ocasiones las lesiones producidas en el hígado por un medicamento son tan graves que pueden dar lugar a una cirrosis. Esto puede ocurrir después de una hepatitis grave producida por un medicamento como el metotrexate (un fármaco que se utiliza para el tratamiento de algunos tumores) la isoniacida, la vitamina A en dosis muy elevadas y algunos otros.
En la mayoría de los casos, con un estudio adecuado, es posible identificar las causas de la cirrosis.

Síntomas

Primeros síntomas. Las personas que tienen cirrosis con frecuencia tienen pocos síntomas al comienzo de la enfermedad. Los dos problemas principales que eventualmente ocasionan síntomas son pérdida del funcionamiento de las células hepáticas y distorsión del hígado causado por la cicatrización. La persona puede experimentar:
  • Fatiga
  • Debilidad y agotamiento
  • Falta de apetito
  • Náuseas
  • Pérdida de peso
Síntomas avanzados:
1. Según disminuye la función hepática, menos proteína es producida por el órgano. Por ejemplo, se produce menos albúmina, lo que resulta en acumulación de agua en las piernas (edema) o en el abdomen (ascites).
2. Sangrado y/o formación de hematomas. Una disminución en las proteínas necesarias para la coagulación sanguínea ocasiona facilidad de sangrado y/o fácil formación de hematomas.
3. Ictericia. La ictericia se caracteriza por la coloración amarillenta de la piel debido a la acumulación del pigmento de la bilis que pasa del hígado a los intestinos.
4. Picor intenso. Algunas personas con cirrosis experimentan picor intenso debido a productos de la bilis que son depositados en la piel.
Piedras en la vesícula. Frecuentemente se forman piedras en la vesícula debido a que no llega suficiente bilis a la vesícula.
Encefalopatía. El hígado de las personas con cirrosis presenta dificultad para remover las toxinas, las cuales se acumulan en la sangre. Estas toxinas pueden ocasionar confusión mental, y degenerar en cambios de personalidad y hasta coma. Los primeros signos de acumulación de toxinas en el cerebro pueden incluir descuido en la apariencia personal, dificultad para concentrarse, cambios en los hábitos de sueño, pérdida de memoria e insensibilidad.
5. Lentitud para metabolizar medicamentos/fármacos. Usualmente los medicamentos/fármacos son metabolizados/filtrados por el hígado. En la cirrosis este proceso se vuelve más lento. Los medicamentos/fármacos se acumulan en el cuerpo por causa de la inhabilidad del hígado de metabolizar los mismos con la debida rapidez. Con frecuencia, las personas con cirrosis son muy sensitivas a los medicamentos y sus efectos secundarios.
6. Hipertensión portal y/o várices. Uno de los problemas más serios que presentan las personas con cirrosis es presión en los vasos sanguíneos que fluyen a través del hígado. Normalmente, la sangre de los intestinos y el bazo es bombeada hacia el hígado a través de la vena portal. Sin embargo, en la cirrosis el flujo normal de la sangre se disminuye, causando presión en la vena portal. Esto produce un bloqueo en el flujo normal de la sangre, lo que ocasiona que el bazo se agrande. La sangre que sale de los intestinos trata de buscar salida a través de la formación de nuevos vasos sanguíneos. Algunos de estos vasos sanguíneos se agrandan (várices). Las várices pueden formarse en el estómago y en el esófago (tubo que conecta la boca con el estómago). Las várices tienen paredes muy frágiles y tienen una presión muy alta. Existe gran riesgo de que se rompan y que ocasionen un problema serio de sangrado en la parte superior del estómago o el esófago. Si esto ocurre, la vida de la persona corre peligro y hay que tomar acción rápida para detener el sangrado.

Diagnóstico

El diagnóstico de cirrosis conlleva la valoración clínica del paciente, una analítica y algunas pruebas de imagen. La biopsia hepática permite además ver el grado de afectación del tejido hepático y, en ocasiones, ayuda a hacer el diagnóstico de la causa de la enfermedad. Los médicos deben diagnosticar por un lado la presencia de una cirrosis, e intentar determinar cuál ha sido la causa de la misma.
En el examen físico que se le hace al paciente se puede palpar un hígado duro con borde irregular y aumentado de tamaño. Este hígado grande generalmente no es doloroso. Sin embargo, cuando la enfermedad está muy evolucionada el hígado suele tener tamaño reducido. Se puede encontrar líquido en el abdomen (ascitis) y un bazo grande. Los pacientes pueden tener las palmas de las manos enrojecidas, las parótidas (glándulas que producen saliva y que se encuentran a ambos lados de las mejillas) aumentadas de tamaño, y arañas vasculares en la piel (dilatación de capilares sanguíneos a modos de patas de araña). También se pueden alterar las uñas, curvándose y adquiriendo un tono opaco.
En los análisis de sangre se ve si hay anemia (menos cantidad de glóbulos rojos de lo habitual). Es frecuente que en fases avanzadas disminuyan los glóbulos rojos y las plaquetas. Esto suele ser debido a que el bazo (órgano situado detrás del estómago, cuya principal función es la de eliminar las células de la sangre cuando están viejas, y que sirve también para la defensa de algunas infecciones) está aumentado de tamaño y trabaja más de la cuenta, eliminando estas células antes de tiempo. Son frecuentes las alteraciones en las pruebas de coagulación de la sangre. La cantidad de proteínas también está disminuida. Puede elevarse las cifras de bilirrubina y los enzimas del hígado (transaminasas) y de amoníaco en sangre.
Los análisis, además sirven para detectar la presencia de virus en la sangre, la cantidad de hierro que existe, si hay cobre en exceso o si existen auto anticuerpos (sustancias que pueden atacar nuestras células hepáticas hasta destruirlas), ayudando así al diagnóstico de la causa de cirrosis.
En los estudios radiográficos se suele hacer una ecografía abdominal que puede demostrar el hígado aumentado de tamaño y/o desestructurado. También pueden verse incrementados el bazo y la dilatación de las venas que salen y entran del hígado. Para llegar al diagnóstico de cirrosis hay que realizar una prueba de imagen que permita ver el grado de afectación del hígado y descartar otras enfermedades (tumores, obstrucciones de la vía biliar etc.). Por ello, siempre se realizará una prueba de imagen en la fase inicial del estudio. La ecografía es la que se usa con más frecuencia por ser fácil y rápida de realizar y porque aporta mucha información. Otras pruebas como el scáner o la resonancia magnética del hígado ayudan también a ver el grado de afectación y a descartar otras lesiones o enfermedades asociadas. Sin embargo, en la mayoría de las ocasiones no es necesario realizarlas para tener el diagnóstico si ya se ha hecho una ecografía.
La gastroscopia consiste en la introducción de un tubo flexible a través de la boca que llega hasta el estómago y el intestino, con una cámara de vídeo en uno de sus extremos que va grabando los sitios por los que pasa. Permite ver las varices esofágicas y el estómago. Se hará a muchos pacientes, incluso cuando no tienen síntomas, porque ayuda a saber el grado de afectación de la enfermedad. Además se utiliza en ocasiones cuando hay sangrado digestivo, para ver el origen del mismo y para administrar algunos tratamientos.
La biopsia hepática ayuda a conocer el grado de afectación o fibrosis del hígado. La prueba consiste en coger un trozo de hígado para luego mirar por el microscopio su estructura y comprobar la cantidad de tejido normal que ha sido sustituido por tejido cicatricial. Para obtener la muestra se suele localizar la zona del hígado más adecuada con una ecografía. Posteriormente, se anestesia localmente la piel y se pincha al paciente con una aguja de grueso tamaño con la que se obtiene una muestra de hígado. No es necesario abrir al enfermo ni precisa anestesia general. No suele haber complicaciones, aunque en ocasiones los pacientes pueden sangrar. En la mayoría de los hospitales no es preciso ingresar al sujeto para realizársela y se hace de forma ambulatoria. En situaciones excepcionales se utilizará la cirugía para obtener la muestra.
La biopsia sirve también para determinar la causa de la cirrosis. Por ejemplo, en enfermedades como la hemocromatosis se observa gran cantidad de hierro en el hígado, o en la enfermedad de Wilson se ve el cobre. En algunas ocasiones, la biopsia es la única forma de hacer un diagnóstico seguro: ayuda a saber la causa y ayuda a ver el grado de afectación. En otras, la biopsia se utiliza sólo para saber el grado de afectación, puesto que la causa se ha podido determinar con análisis de sangre (por ejemplo, en la cirrosis por virus C o B).
En muchos casos la historia clínica puede determinar la causa de la cirrosis. Por ejemplo, los pacientes que tienen antecedentes de consumo excesivo de alcohol, junto con alteraciones en la analítica y la exploración y una ecografía con datos de afectación hepática, son diagnosticados de cirrosis sin precisar muestra de tejido hepático. En otros casos es necesario tomar una muestra y analizarla para saber la causa de la enfermedad.

Tratamiento

La cirrosis no tiene curación, pues el daño hepático es irreversible, aunque su progresión es muy lenta. No existe ningún tratamiento que modifique la historia natural de la enfermedad. El tratamiento de la cirrosis ha de dirigirse a evitar o controlar las complicaciones derivadas.
Medidas generales en el tratamiento de la cirrosis
Aunque esta enfermedad es irreversible, es posible tomar diferentes medidas para reducir el daño hepático:
  1. Dejar el alcohol.
  2. Limitar el uso de fármacos. Al existir una deficiente función hepática, no se pueden metabolizar y eliminar bien la mayoría de los medicamentos.
  3. Evitar otras enfermedades. La lesión del hígado provoca en el organismo una mayor dificultad para combatir las infecciones, lo que las hace más peligrosas para estos pacientes. Es muy importante que los cirróticos eviten el contacto con posibles focos de infección y se vacunen contra las hepatitis víricas A y B, la gripe y la neumonía neumocócica.
  4. Tener una alimentación rica en frutas, verduras y cereales. En ocasiones es necesaria la administración de suplementos vitamínicos (vitaminas A, D y K). Entre los consejos dietéticos, también se incluye la restricción de la sal en las comidas, para evitar la acumulación de líquidos. En la cirrosis es fundamental que la dieta no contenga excesivas proteínas porque pueden favorecer el desarrollo de una encefalopatía hepática.
Tratamiento farmacológico
En general, el paciente con cirrosis no complicada no precisa ningún tratamiento, salvo que su cirrosis se deba a una enfermedad que requiera un tratamiento específico.
El control de las varices esofágicas, para evitar que se rompan y produzcan un sangrado digestivo, se puede realizar mediante fármacos que reduzcan la presión venosa, y técnicas quirúrgicas que consistan en cerrar estas varices.
La acumulación excesiva de líquido se puede reducir mediante la administración de diuréticos que ayuden a eliminarlo.
El picor que puede producirse por las altas concentraciones de metabolitos en la sangre, se puede tratar mediante colestiramina u otros medicamentos.
El tratamiento de la encefalopatía hepática se realiza con laxantes y antibióticos, para reducir los niveles de amoniaco en sangre.
Trasplante hepático
En todos los casos y, especialmente, en situación terminal, es posible la realización de un trasplante de hígado. Este es el tratamiento de la cirrosis definitivo.
Generalmente este tipo de tratamiento se indica cuando la enfermedad se encuentra ya tan avanzada que el hígado no puede funcionar. La tasa de éxito del trasplante hepático supera actualmente el 90%. El problema se plantea cuando la cirrosis está relacionada con la hepatitis viral, porque esta enfermedad puede reaparecer en el hígado trasplantado.

Prevención

No tome alcohol en exceso. Si  cree que su problema de consumo de alcohol en sí se le está saliendo de las manos, busque ayuda profesional.
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Cirrosis (parte 2)

La hepatitis y la cirrosis

La hepatitis C, una infección de la sangre, puede dañar el hígado y eventualmente conducir a la cirrosis. La hepatitis C es una causa frecuente de cirrosis en Europa Occidental, América del Norte, y muchas otras partes del mundo. La cirrosis también puede ser causada por la hepatitis B y D.

esteatohepatitis no alcohólica (EHNA)

NASH es más probable que ocurra con las personas que son obesas, los pacientes diabéticos, los que tienen lípidos en la sangre (grasa) los niveles, así como individuos con hipertensión (presión arterial alta). NASH, en sus primeras etapas, comienza con la acumulación de exceso de grasa en el hígado. La causa inflamación y cicatrización de grasa, causando cirrosis posible más adelante.

Hepatitis autoinmune

La persona ataca propio sistema inmunológico órganos sanos en el cuerpo como si fueran sustancias extrañas. A veces, el hígado es atacado. Finalmente, el paciente puede desarrollar cirrosis.

Algunas enfermedades genéticas

* Hemocromatosis – hierro se acumula en el hígado y otras partes del cuerpo.
* Enfermedad de Wilson – El cobre se acumula en el hígado y otras partes del cuerpo.

La obstrucción de los conductos biliares

Algunas afecciones y enfermedades, como cáncer de los conductos biliares, o cáncer del páncreas pueden bloquear los conductos biliares, aumentando el riesgo de cirrosis.

El síndrome de Budd-Chiari

No es la trombosis (coágulos de sangre) en la vena hepática, el vaso sanguíneo que lleva sangre desde el hígado, dando lugar a la ampliación del hígado y el desarrollo de vasos colaterales.

Algunas otras enfermedades y condiciones

* La fibrosis quística
* Colangitis esclerosante primaria – el endurecimiento y cicatrización de los conductos biliares
* Galactosemia – incapacidad de procesar los azúcares de la leche
* La esquistosomiasis – un parásito común en algunos países en desarrollo
* Atresia biliar – mal formada conductos biliares en los bebés
* problemas de la enfermedad de almacenamiento de glucógeno – en el almacenamiento y la liberación de energía vital para el funcionamiento celular

El diagnóstico de cirrosis
La cirrosis en sus primeras etapas, se diagnostica cuando el paciente está siendo probado por alguna otra condición o enfermedad porque los síntomas no están presentes.

Cualquier persona que tiene los siguientes síntomas deben consultar a su médico de inmediato:

* Fiebre con escalofríos
* Panting (falta de aliento)
* Vómito con sangre
* Heces negras o alquitranadas (como si estuviera cubierto de alquitrán);
* Los episodios de somnolencia o confusión

Un GP (médico general, médico de atención primaria) examinará al paciente y se sienten en todo el área del hígado para determinar si se amplía. Al paciente se le preguntó acerca de su historial médico y estilo de vida (consumo, etc.)

Los siguientes exámenes también se pueden pedir:

Un análisis de sangre – para medir qué tan bien está funcionando el hígado y determinar si hay algún daño. Si los niveles de ALT (alanina transaminasa) son de alta el paciente puede tener hepatitis.

Las pruebas de imagen – lo cual puede suponer una ecografía, la TC (tomografía computerizada) o una IRM (resonancia magnética) de exploración del hígado. Aparte de ver si el hígado está agrandado, el doctor también ser capaz de detectar cualquier cicatriz.

Una biopsia – una pequeña muestra de las células del hígado se extraen y se examinan bajo un microscopio. El médico inserta una aguja fina entre las costillas y en el hígado. El paciente recibirá un anestésico local. La biopsia no sólo confirma o descarta la cirrosis, pero también puede revelar la causa (si es la cirrosis).

Endoscopia – un endoscopio, un tubo largo y delgado con una cámara de luz y video al final se baja por la tráquea del paciente (esófago) y en el estómago. El médico observa el interior del estómago en una pantalla, y mira por vasos sanguíneos inflamados (varices), un signo distintivo de la cirrosis.

¿Cuáles son las opciones de tratamiento para la cirrosis?
Si la cirrosis es diagnosticada a tiempo, el daño puede ser minimizado por el tratamiento de la causa subyacente.

La dependencia del alcohol (alcoholismo) el tratamiento – es importante para el paciente para dejar de beber si sus cirrosis es causada por largo plazo, el consumo regular de alcohol. En muchos casos, el médico recomendará un programa de tratamiento para el alcoholismo.

Medicamentos – el paciente puede ser prescrito medicamentos para controlar los daños de células del hígado causada por hepatitis B o C.
El tratamiento de complicaciones de la cirrosis
Ascitis y edema – ascitis (acumulación de líquido en el abdomen) o edema (retención de líquidos en las piernas) se puede tratar con un bajo contenido de sodio (sal) la dieta y píldoras de agua. En los casos graves, el líquido puede estar agotada. A veces se requiere cirugía.

medicamentos para la presión en la vena porta y las venas más pequeñas de garantía – la hipertensión (presión arterial alta) generalmente se prescriben para controlar la creciente presión en los vasos sanguíneos alrededor del hígado, el objetivo es prevenir el sangrado severo. En algunos casos puede ser un stent se coloca quirúrgicamente en la vena porta para mantenerla abierta. Los signos de sangrado puede ser detectado a través de una endoscopia.

El tratamiento de las várices hinchadas – si el paciente vomita sangre o heces con sangre pasa probablemente tienen várices esofágicas (en el esófago). la atención médica de urgencia es requerido. Los siguientes procedimientos pueden ayudar:

* Banda – un pequeño grupo se coloca alrededor de la base de las varices para controlar el sangrado. Un endoscopio por la garganta gores del paciente y el esófago durante el procedimiento.

* Inyección escleroterapia – después de una endoscopia una sustancia que se inyecta dentro de las várices que provoca una coagulación de la sangre y que se formen cicatrices, lo que ayuda a detener la hemorragia.

* Un tubo de Sengstaken con un globo – el globo está en el extremo del tubo. Si la CE no se detiene el sangrado de un tubo pasa por la garganta del paciente y en el estómago. El globo se infla, lo que la presión en los lugares de las várices y detiene el sangrado.

* TIPSS (shunt transyugular intrahepática portosistémica stent) – si los tratamientos antes mencionados no detener la hemorragia, un stent (tubo de metal) se pasa a través del hígado para unirse a las venas porta y hepática, la creación de una nueva ruta para que la sangre fluya a través. Esto reduce la presión – la presión que estaba causando las varices.

Infecciones – la paciente se le administran antibióticos y algunos otros tratamientos.

El cribado del cáncer de hígado – pacientes con cirrosis tienen un riesgo mucho mayor de desarrollar cáncer de hígado. El médico puede recomendar pruebas de sangre regulares y gammagrafías.

La encefalopatía hepática (niveles altos de toxina en la sangre) – medicamentos pueden ayudar a tratar los niveles excesivos de toxinas en la sangre. Los signos y síntomas deben ser explicados al paciente para que sepan qué buscar.

Trasplante de hígado – si la cirrosis está avanzada y hay insuficiencia hepática (hígado no funciona) el paciente puede necesitar un trasplante de hígado.
Prevención de la cirrosis
El alcohol – no superan los recomendados diario / semanal límite de alcohol.

* Hombres: máximo de 21 unidades por semana, o tres o cuatro unidades por día
* Las mujeres: un máximo de 14 unidades por semana, o dos o tres unidades por día

Las personas que tienen cirrosis deben abstenerse de consumir alcohol por completo. El alcohol acelera la progresión de la enfermedad.

La hepatitis B y C

* Utilice un condón durante las relaciones sexuales

* No comparta agujas para inyectarse drogas

* Las personas en riesgo de infectarse con hepatitis B, como trabajadores de la salud, los asistentes sociales y personal de la policía pueden ser vacunados (actualmente no existe una vacuna para la hepatitis C)

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Cirrosis (parte 1)

La cirrosis es una condición anormal del hígado en la que no es irreversible cicatrización del hígado. Las causas principales se mantienen el consumo excesivo de alcohol, la hepatitis viral B y C, y la enfermedad de hígado graso – sin embargo, hay muchas causas posibles.

Las personas con cirrosis pueden desarrollar ictericia (coloración amarillenta de la piel, ojos y lengua), picazón y cansancio extremo.

Para el desarrollo de cirrosis a largo plazo, el daño permanente al hígado tiene que ocurrir. Cuando el tejido sano del hígado es destruida y reemplazada por tejido cicatrizal la condición se convierte en grave, ya que puede comenzar a bloquear el flujo de sangre a través del hígado.

La cirrosis es una enfermedad progresiva, desarrollando lentamente durante muchos años, hasta que finalmente puede detener la función del hígado (insuficiencia hepática).

El hígado lleva a cabo varias funciones esenciales, como la desintoxicación de sustancias nocivas en el cuerpo. También purifica la sangre y fabrica nutrientes vitales.

Si la cirrosis del hígado es leve puede hacer las reparaciones y continuar funcionando correctamente. Si la cirrosis es avanzada y cada vez más se forma tejido cicatrizal en el hígado, el daño es irreparable. El tejido hepático es reemplazado por tejido cicatricial fibroso, así como nódulos de regeneración (bultos que aparecen como consecuencia de un proceso en el que se regenera el tejido dañado).

Según el diccionario médico Medilexicon de:

La cirrosis es “una enfermedad hepática crónica de etiología muy diversas caracterizada por la inflamación, degeneración y regeneración en diferentes proporciones; característica patológica es la formación de nódulos microscópicos o macroscópicos separados por bandas de tejido fibroso; alteración de la función hepatocelular y la obstrucción a la circulación portal a menudo conducen a la ictericia, ascitis e insuficiencia hepática. ”

¿Cuáles son los signos y síntomas de la cirrosis?
Un síntoma es algo que el paciente se siente y los informes, mientras que un signo es algo que la gente, incluyendo a un médico o una enfermera puede detectar. Por ejemplo, el dolor puede ser un síntoma, mientras que una erupción puede ser una señal.

Los síntomas no son comunes durante las etapas tempranas de la cirrosis. Sin embargo, como el tejido cicatrizal se acumula la capacidad del hígado para que funcione correctamente es socavada. Los siguientes signos y síntomas pueden aparecer:

* Capilares sanguíneos se hacen visibles en la piel de la parte superior del abdomen
* Fatiga
* Insomnio
* Picazón en la piel
* Pérdida del apetito
* Pérdida de peso corporal
* Náuseas
* Dolor o sensibilidad en la zona donde está situado el hígado
* Red o con manchas palmas
* Debilidad

Las siguientes señales y síntomas pueden aparecer cuando la enfermedad progresa:

* Abdomen se llena de líquido, dándole al paciente una panza grande (ascitis)
* Latidos del corazón acelerados
* Alteración de la personalidad (como toxinas de la sangre se acumulan y afectan el cerebro)
* Las encías sangrantes
* Cuerpo y brazos pierden masa
* Consejo considera que es más difícil de procesar el alcohol
* Consejo considera que es más difícil a las drogas proceso
* Confusión
* Mareo
* La acumulación de líquido en los tobillos, pies y piernas (edema)
* Caída del cabello
* Mayor susceptibilidad a moretones
* Ictericia (color amarillento de la piel, el blanco de los ojos y la lengua)
* Pérdida de la libido (deseo sexual)
* Los problemas de memoria
* Más fiebres frecuentes (susceptibilidad a las infecciones)
* Calambres musculares
* Sangrado por la nariz
* Dolor en el hombro derecho
* Panting (disnea)
* Las heces adquieren un color negro y alquitranadas, o muy pálida
* La orina se vuelve más oscura
* Vómito con sangre
* Problemas para caminar (sorprendente)

¿Cuáles son las causas de la cirrosis?
Las causas más frecuentes de la cirrosis son el abuso de alcohol a largo plazo, la hepatitis B y la infección por C, y la enfermedad de hígado graso.

El consumo excesivo de alcohol

De acuerdo con el NHS (National Health Service), Reino Unido, el consumo excesivo de alcohol es cuando un hombre toma más de 21 unidades y una mujer bebe más de 14 unidades por semana.

Las toxinas, incluyendo el alcohol, se descomponen en el hígado. Sin embargo, si la cantidad de alcohol es muy alto el hígado se sobrecarga de trabajo y las células hepáticas eventualmente, se dañen.

Heavy, regular, los bebedores a largo plazo son mucho más propensos a desarrollar cirrosis, en comparación con otras personas sanas. Es un mito que los alcohólicos sólo están en riesgo – bebida social regular y pesada también está vinculada a una mayor probabilidad de desarrollar cirrosis.

Por lo general, beber en exceso tiene que ser sostenido durante al menos diez años para desarrollar cirrosis. El plazo varía según cada individuo.

Regular mujeres bebedoras fuertes son más propensos a desarrollar síntomas en comparación con los hombres que consumen la misma cantidad.

Los grandes bebedores, finalmente presenta hígado graso. El hígado metaboliza el alcohol en dióxido de carbono y agua, provocando un hígado graso. Tan pronto como beber en exceso para los síntomas del hígado graso desaparece. Sin embargo, el 20% y el 30% de aquellos que continúan bebiendo mucho se desarrollan hepatitis alcohólica, la siguiente etapa. Aproximadamente el 10% de grandes bebedores posteriormente desarrollarán cirrosis – la tercera fase de la enfermedad hepática alcohólica.

Las autoridades sanitarias de los machos instar a Reino Unido que no exceda de tres a cuatro unidades de consumo de alcohol por día, y las mujeres no deben tener más de dos a tres unidades al día – para reducir el riesgo de desarrollar hepatitis alcohólica y cirrosis.

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