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Insuficiencia Renal

Insuficiencia Renal

La insuficiencia renal consiste en la pérdida total o parcial de la función de los riñones. Puede ocurrir de forma aguda o bien crónica. La función principal del riñón consiste en “aclarar” la sangre de productos finales del metabolismo y en regular el volumen de líquidos corporales. Conlleva una alteración en la regulación del medio interno, principalmente con retención de líquidos y minerales, y un cúmulo de productos de desecho (urea, creatinina, ácido úrico…). Los productos nitrogenados derivan principalmente del metabolismo de las proteínas. Nos referiremos a la dieta de la insuficiencia renal crónica, ya que la insuficiencia renal aguda se maneja principalmente en el ámbito hospitalario.
La insuficiencia renal crónica se manifiesta con el llamado síndrome urémico que se manifiesta a todos los niveles del organismo.

Causas

Existen numerosas causas posibles de daño a los riñones, tales como:
  • Necrosis tubular aguda (NTA)
  • Enfermedad renal autoinmunitaria, como:
– síndrome nefrítico agudo
-nefritis intersticial
  • Disminución del flujo sanguíneo debido a presión arterial muy baja, lo cual puede resultar de:
o quemaduras
o deshidratación
o hemorragia
o lesión
o shock séptico
o enfermedad grave
o cirugía
  • Trastornos que causan coagulación dentro de los vasos sanguíneos del riñón, como
o síndrome urémico hemolítico
o púrpura trombocitopénica idiopática (PTI)
o hipertensión maligna
o reacción a transfusión
o esclerodermia
  • Infecciones que causan lesión directamente al riñón como:
o pielonefritis aguda
o septicemia
  • Complicaciones del embarazo, como:
o desprendimiento prematuro de placenta
o placenta previa
  • Obstrucción de las vías urinarias

Síntomas

Son el resultado de una acumulación lenta de desechos en la sangre y la insuficiencia progresiva de las funciones regulatorias de los riñones.
Los líquidos en exceso se acumulan en el cuerpo porque la insuficiencia de los riñones no produce bastante orina. Esto puede dar origen a un estado conocido como edema. Este exceso de líquidos provoca síntomas como hinchazón alrededor de los ojos, en las manos, tobillos y pies. Si este líquido en exceso sigue acumulándose, ocurre una sobrecarga de líquidos. Los líquidos también pueden acumularse en los pulmones, provocando edema pulmonar.
Si usted tiene sobrecarga de líquidos, también aumentará su presión arterial porque su sangre contiene más agua de lo normal, lo cual aumenta la presión en sus vasos sanguíneos.
Cuando se dañan los riñones se hará más lenta la producción de la hormona eritropoyetina, lo que significa que el cuerpo no tendrá suficientes células sanguíneas rojas. Esto provoca anemia, una complicación común de la insuficiencia renal. Si no tenemos suficientes células sanguíneas rojas para llevar oxígeno a nuestro cuerpo, nos debilitamos, sentimos frío, nos sentimos cansados y con dificultad para respirar.
En vista de que los síntomas de la insuficiencia renal aparecen poco a poco, durante un tiempo muy prolongado, es muy fácil pasarlos por alto, o puede ser que pensemos que son respuestas normales al estrés y las actividades de la vida cotidiana, retardando el diagnóstico y tratamiento y aumentando el daño a los riñones.
Si usted experimenta alguno de los síntomas de insuficiencia renal que se mencionan a continuación, coméntelos con su doctor:
• un sabor metálico u otro sabor extraño en su boca
• cansancio
• sensación de frío
• dolores de cabeza
• presión arterial alta
• insomnio
• prurito y resequedad de la piel
• pérdida de apetito o náusea
• dolor en la región lumbar en el área de los riñones
• mala concentración, confusión, olvido
• deficiente impulso sexual
• piernas sin reposo o acalambradas
• dificultad para respirar
• hinchazón en manos, pies o cara, especialmente alrededor de los ojos (al            levantarse)
• alteraciones de la orina, como orina espumosa o sanguinolenta, más o                 menos orina de lo normal, o un cambio en la frecuencia de la micción.

Diagnóstico

La mejor guía para hacer esta diferenciación consiste en una buena historia clínica: estudios analíticos anteriores ayudan a valorar el grado de insuficiencia renal en ese momento y si el enfermo tenia nefropatía previa o no, de manera que si no aparecen alteraciones hematológicas, bioquímicas o en el sedimento de orina, suponemos que se trata de una IRA.
Si no existen análisis previos, preguntar por la existencia de hipotensión o hipertensión arterial, cólicos nefríticos o cambios en el aspecto de la orina o ritmo de la diuresis. Poliuria, orinas claras y nicturia junto con anemia, hematomas espontáneos no justificados, calambres musculares, prurito, disminución de la lívido y alteraciones menstruales indican la existencia de una IRC. La historia familiar puede ser de ayuda y el estudio radiológico simple de abdomen para objetivar el tamaño de las siluetas renales permitirán sospechar una IRA si el tamaño renal esta aumentado (eje longitudinal 3.7 veces la altura de la segunda vértebra lumbar) o una situación crónica de disfunción renal si el tamaño renal esta disminuido o sus riñones son asimétricos.
En segundo lugar se debe descartar la existencia de una causa obstructiva que suele ser  fácil de diagnosticar y se debe de sospechar en pacientes con patología urológica previa y con clínica de prostatismo. La palpación abdominal, y el tacto rectal en busca de masas abdominales y pélvicas y para la evaluación del tamaño y forma prostático no deben de olvidarse. La RX simple mostrará una silueta renal aumentada de tamaño. Sin embargo la forma más fácil, fiable y desprovista de riesgo es la ecografía abdominal.
El paso siguiente y fundamental consiste en definir si el deterioro agudo de la función renal es de origen prerrenal  o parenquimatoso y en este caso, será preciso además descartar la presencia de NTA de origen isquémico o tóxico o por el contrario de enfermedades intrínsecas del parénquima no relacionadas con la NTA (enfermedad de grandes y pequeños vasos, gromerolupatías , síndrome hemolíticos-urémico o púrpura trombocitopénica trombótica, hipertensión arterial maligna, enfermedades agudas del intersticio tubular , etc. ). Esta última posibilidad no será estudiada aquí con detalle, limitándonos en lo que sigue al estudio de la insuficiencia renal aguda prerrenal y de la necrosis tubular aguda así como al diagnóstico diferencial entre ambas.
La insuficiencia renal aguda prerrenal debe ser sospechada en situaciones de depleción de volumen verdadera (hemorragias, pérdidas gastrointestinales, urinarias o cutáneas excesivas, etc.) o, en su caso, de disminución del volumen circulante eficaz (insuficiencia hepática, tratamientos con antiinflamatorios no esteroideos o inhibidores de la  enzima convertidor de la angiotensina -IECAs-, etc.).
Los enfermos con depleción verdadera de volumen, suelen tener “sed” (si están conscientes), hipotensión ortostática (disminución de la presión arterial diasistólica mayor de 10 mmHg al adoptar la bipedestación) sintomática (mareo ortostática), taquicardia, disminución de la presión venosa yugular, frialdad cutánea, sequedad de mucosas y ausencia de sudoración, aunque es necesario saber que puede perderse hasta un 2% del volumen líquido extracelular sin que aparezcan síntomas.
En todos los casos, el disponer de datos de analíticas previas, diuresis, peso, uso de fármacos neurotóxicos, agentes de contrastes, quimioterápicos, etc. es útil para alcanzar un diagnóstico exacto.
Mientras más pronto le diagnostiquen y comience su tratamiento, más posibilidades tendrá de sentirse mejor y demorar el avance de la enfermedad renal. Cuando uno pierde la función renal, ésta puede no recuperarse. Es posible que los síntomas empeoren sin tratamiento médico. Todo lo que pueda hacer, bajo la atención de su médico, para demorar esta pérdida de la función renal vale la pena

Tratamiento

Cuando se recibe el tratamiento adecuado para la insuficiencia renal crónica, en especial durante la primera etapa de la insuficiencia renal, es posible hacer más lento o incluso detener el curso del daño a los riñones. Durante las primeras etapas de la insuficiencia renal es importante hacer visitas regulares a su médico y seguir sus instrucciones. El manejo cuidadoso de la presión arterial y la vigilancia de su salud utilizando los resultados de las pruebas son primordiales para prolongar la función de sus riñones tanto como sea posible.
La mayoría de las personas pueden mejorar su salud tomando medidas sencillas como dejar de fumar, alimentándose sanamente y haciendo ejercicio regular. Una vez que se le haya diagnosticado insuficiencia renal, se le enviará a un equipo médico que se especializa en los cuidados de pacientes renales. Los nefrólogos (especialistas en riñones), las enfermeras renales y otro personal médico lo vigilarán cuidadosamente. Se deberá tener  citas regulares en la unidad renal. Se le practicarán pruebas de sangre y orina para determinar la función de sus riñones.

Prevención

Siempre se ha dicho que “más vale prevenir que curar”. Las tendencias en la Medicina moderna van encaminadas a actuar sobre el individuo sano para evitar la aparición de la enfermedad. Sin embargo, cuando hablamos de Insuficiencia Renal, este precepto puede llegar a ser relativo. Muchas veces, antes de que aparezcan los síntomas de una insuficiencia renal, ya está establecida la enfermedad base que la causa. En estos casos, las medidas irán destinadas a retrasar la aparición del fracaso renal.
Podemos, de una forma genérica, tomar una serie de medidas preventivas actuando sobre las diversas causas que provocan la Insuficiencia renal.
1. Enfermedades hereditarias:
• Es necesario que efectúen un estudio genético y un buen                                            asesoramiento en planificación familiar, ya que la única prevención
que se puede aplicar consiste en evitar descendencia.
2. Enfermedades inflamatorias del riñón
• Tratamiento eficaz de procesos infecciosos que puedan producir                            glomerulonefritis (endocarditis bacteriana, amigdalitis estreptocócica…)
3. Diabetes
• Siga fielmente el tratamiento prescrito.
• Evite la aparición de descenso brusco de azúcar en sangre (hipoglucemia)
• Realice una dieta específica, establecida por el médico.
4. Tensión arterial
• Evite o reduzca la ingesta de alcohol.
• Disminuya la ingesta de sal.
• Controle el sobrepeso.
• Si es usted hipertenso, no abandone nunca la medicación indicada.      Cumpla con las dosis y pautas prescritas.
• Tómese la tensión arterial con regularidad.
5. Infecciones urinarias
• En muchas ocasiones las infecciones urinarias pasan inadvertidas por la             ausencia de síntomas específicos.
• En el sexo femenino aparecen con más frecuencia en niñas, en                   adolescentes coincidiendo con el comienzo de la menstruación y relaciones sexuales y, durante el embarazo.
• En caso de embarazo se producen una serie de mecanismos que afectan al buen funcionamiento de la micción, por lo que es importante que su tocólogo establezca un control al respecto.
• En el varón la frecuencia aumenta ante la presentación de problemas prostáticos.
Hay que evitar el consumo de alcohol, cigarro y otras sustancias que puedan intoxicar la sangre (especialmente del tabaco, ya que acelera el proceso de la insuficiencia) y tampoco tomar analgésicos ni antiinflamatorios en exceso.
Por otro lado, debemos tomar muchas infusiones naturales de plantas con efecto diurético, es decir, las que permiten aumentar la excreción de la orina. Por ejemplo, el perejil, la ortiga, el diente de león y el apio, aunque este último en cantidades moderadas, sobre todo durante el embarazo o cuando presentamos la vejiga inflamada.
En muchos casos es posible detectar y tratar a tiempo una insuficiencia renal. Se logra con campañas de educación y divulgación sanitaria, así como mediante revisiones médicas periódicas. También es importante el control y seguimiento de ciertos procesos, como la diabetes, la tensión arterial alta, el embarazo, etc., así como que la medicación y las pautas dietéticas las determinen médicos especialistas.
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La gota

La gota

La gota es una enfermedad producida por la acumulación de cristales microscópicos de ácido úrico en las articulaciones que provocan artritis. En ocasiones, estos cristales forman cúmulos abultados (tofos) bajo la piel que se pueden palpar o se depositan en los riñones, siendo causa de cólicos nefríticos u otras alteraciones en el funcionamiento de estos órganos. De hecho, casi el 20 por ciento de los pacientes afectados por la gota desarrollan cálculos renales. Por sexos, la gota es 4 veces más común en hombres, especialmente entre varones de mediana edad, aunque también se manifiesta en mujeres después de la menopausia.

Causas

La gota se origina por un exceso de ácido úrico en el organismo. Este exceso puede deberse a un aumento en su producción, a una eliminación insuficiente del ácido úrico por el riñón y/o a un exceso de ingesta de alimentos ricos en purinas que son metabolizadas por el organismo a ácido úrico. Ciertos alimentos como las vísceras de animales, mariscos y algunas legumbres, son particularmente ricos en purinas. También las bebidas alcohólicas pueden incrementar significativamente los niveles sanguíneos de ácido úrico. En condiciones normales, 1/3 del ácido úrico del organismo procede de los alimentos, y 2/3 del metabolismo.

Diagnóstico

El diagnóstico de la gota puede ser clínico, basándose únicamente en las características clínicas de los ataques agudos. Con seis criterios menores clínicos, aún sin determinación de uricemia ni exploraciones radiológicas, podemos realizar el diagnóstico. Una historia de ataques agudos, monoarticulares, con rápida aparición y la respuesta clínica adecuada a antiinflamatorios o colchicina, localizados en MTF o tarso, puede ser suficiente.
Criterios Mayores (cualquiera de ellos es diagnóstico)
  • Visualización de cristales de monourato sódico en muestra de liquido sinovial
  • Cristales en muestra de nódulo subcutáneo (tofo)
Criterios menores
1. Máxima inflamación en las primeras 24 horas
2. Más de un ataque de artritis aguda
3. Ataques monoarticulares
4. Eritema sobre las articulaciones hinchadas
5. Podagra
6. Ataque de podagra unilateral
7. Ataque en tarso unilateral
8. Tofo (nódulo subcutáneo sospechoso)
9. Hiperuricemia
10. Tumefacción articular asimétrica en estudio radiográfico
11. Quistes subcorticales sin erosiones en estudio radiográfico
12. Líquido articular (durante un ataque agudo) aséptico

Tratamiento

Las crisis de gota aguda o artritis gotosa se tratan con antiinflamatorios no esteroideos (AINE), siendo a menudo necesario administrar dosis elevadas. Aunque probablemente en el tratamiento de la gota aguda son eficaces todos los AINE, habitualmente se utiliza la indometacina.
La gota aguda también puede tratarse mediante colchicina si lo tolera el estómago.
Los fármacos hipouricemiantes, es decir, que bajan el ácido úrico, como el alopurinol o el probenecid empeoran los episodios de gota aguda y nunca deben administrarse durante una crisis aguda. Generalmente se trata con colchicina, antiinflamatorios o los dos a la vez. La colchicina tiene el inconveniente de producir diarrea y los antiinflamatorios molestias de estómago.

Prevención

Cuando se manifieste un ataque de gota eleve la articulación afectada mientras esté en descanso. Aplíquese cataplasmas de carbón o arcilla en la parte afectada durante 1 hora 3 veces por día. Haga un baño de parafina en la región afectada. Tome mucha agua y jugos frescos. Haga fomentos calientes o fríos al sentirse mejor y aplíquese por 15 minutos cada tres horas. También es muy útil aplicarse una compresa de raíces u hoja de cofrei durante por lo menos tres horas.
Para mejorar la gota se debe modificar su régimen alimentario por uno rico en verduras, almendras, hortalizas, frutas y yogurt. Puede consumir frutas como uvas, melón, manzana, frutas cítricas, limón, banana, cereza y sandia. Consuma cereales integrales. Las hortalizas como la espinaca, hongo, espárrago, acelga no deben ser utilizadas, en cambio consuma constantemente tomate, nabo, lechuga, papa, remolacha. El tomate a pesar de ser ácido en su sabor, su efecto en la sangre es alcalinizante lo cual favorece a que se pueda eliminar el ácido úrico. Utilice también la leche y sus derivados preferiblemente descremados.
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El ácido úrico “Gota”

El ácido úrico “Gota”

El ácido úrico son sustancias que se forman principalmente en el hígado a partir de los núcleos celulares animales como la carne o el pescado, y que se eliminan a través de la orina. Es una sustancia que circula por la sangre, de absolutamente todas las personas, que aparece como producto de la metabolización, de la degradación de las proteínas.  Por tanto es normal tener ácido úrico.  Las preocupaciones sobrevienen cuando este ácido úrico sobrepasa unos límites, cuando está más elevado de lo normal.

Causas

La gota se origina por un exceso de ácido úrico en el organismo. Este exceso puede deberse a un aumento en su producción, o a una eliminación insuficiente del ácido úrico por el riñón.
Exceso de ingesta de alimentos ricos en purinas que son metabolizadas por el organismo a ácido úrico.
El exceso de ácido úrico puede ocasionar la formación de cristales de ácido úrico en forma de aguja, que si se depositan en las articulaciones ocasionan los ataques de gota.
Alimentos que lo pueden aumentar
  • Vísceras animales, ternera, cordero, embutidos, pescado azul, mariscos, garbanzos, lentejas y leguminosas.
  • Bebidas alcohólicas.
  • Otro factor importante es el sobrepeso.

Síntomas

Generalmente la parte más afectada es la del dedo gordo del pie, la articulación se hincha, está enrojecida, caliente y es sumamente dolorosa.
Con menos frecuencia afecta al tobillo, otros dedos de los pies o de las manos, la muñeca, la rodilla, el hombro, la cadera o el codo.
Factores de riesgo
  • Es más frecuente en hombres que en mujeres.
  • Obesidad
  • Hipertensión
  • Hiperlipemia (aumento de la grasa de la sangre)
  • Diabetes
Si tienes dolores articulares en especial en el dedo gordo del pie, es muy importante acudas con tu médico para una evaluación de tu estado de salud.
La gota es controlable con una dieta balanceada que debe darte tu médico y medicamentos que disminuirán el dolor.

Síntomas

Desde un punto de vista clínico se manifiesta en forma de artritis úrica aguda (gota aguda) cuya característica más o menos frecuente son los accesos gotosos agudos, consistentes en artritis dolorosas que afectan a una o más articulaciones; y artritis úrica crónica (gota crónica) cuya característica principal es el depósito de los llamados tofos (concreciones de ácido úrico precipitado en el torrente sanguíneo) en los tejidos articulares y periarticulares y deformación de las articulaciones afectadas más o menos.
Síntomas de ácido úrico:
artritis úrica aguda
La llamada gota aguda es típicamente accesional, ya que consiste en accesos gotosos agudos más o menos frecuentes con intervalos libres de bienestar general.
Síntomas premonitorios de un ataque de gota
• Cierto malestar
• Sensación de cansancio
• Molestias digestivas
• Ligera fiebre
• Cierta molestia en la articulación que sufrirá el ataque
Síntomas de ácido úrico: ataque de artritis úrica aguda (gota aguda)
• Aparición brusca
• Afectación de la articulación metatarso falángica del dedo gordo del pie
• Dolor lancinante (violento y agudo)
• Enrojecimiento y tumefacción del dedo
• Fiebre y escalofríos
• Cefalea
• Inapetencia
• La orina suele ser escasa y oscura al inicio y durante el ataque
• La orina se hace más abundante durante la fase de resolución del ataque
• Agitación neuropsíquica
• Duración de pocas horas
• Repetición del ataque a las siguientes noches con parecida sintomatología
Síntomas de ácido úrico: ataque de artritis úrica crónica (gota crónica)
• Los tofos son masas de ácido úrico precipitado de la sangre, que pueden llegar a tener el tamaño de hasta una nuez
• Se forman cerca de las articulaciones (sobre todo de la mano a lo largo de los ligamentos y tendones musculares)
• Al principio son blandos y dolorosos
• Posteriormente se transforman en indoloros y muy duros (llegan a calcificarse)
• Si el tofo es muy grande puede ulcerarse
• Los tofos abiertos al exterior pueden infectarse con facilidad y supurar
• Si la enfermedad avanza la articulación se deforma hasta adquirir grados muy avanzados (dedos retorcidos y encogidos)
• Se puede llegar a rigidez completa de la articulación

Diagnóstico

El diagnóstico, se establece con la historia clínica y la revisión médica, complementada con análisis de sangre en ayunas.
Para realizar adecuadamente este análisis, se sugiere al enfermo que tres días antes, haga una dieta a base de vegetales y con pocos alimentos animales, conservas y embutidos.
Para establecer el diagnóstico definitivo, el médico general, internista o urólogo, examina, bajo un microscopio con lentes polarizados, una muestra del líquido sinovial, que se extrae de la articulación, ya que durante un ataque agudo de gota, los cristales de ácido úrico pueden observarse en el líquido, rodeados de glóbulos blancos.
Las radiografías o rayos X de la articulación, pueden mostrar lostofos gotosos en una artritis cronificada.
Es muy importante establecer un buen diagnóstico, ya que otras enfermedades pueden ocasionar síntomas similares, entre ellas están: la seudogota, que presenta ataques menos intensos y los cristales están compuestos de pirofosfato de calcio dihidratado.

Tratamiento

Para el tratamiento, que tiene como finalidad disminuir el dolor, mejorar las lesiones y evitar nuevos eventos, generalmente se recomienda la colchicina para contrarrestar un ataque agudo de gota. Este medicamento, se inyecta en la vena o se toma oralmente cada tres o cuatro horas, durante uno o dos días. Sin embargo, tiene efectos secundarios como diarrea o molestias intestinales, por lo que su administración debe estar muy vigilada por el médico.
Otra alternativa, son ciertos fármacos antiinflamatorios no esteroides, pero también tienen efectos desfavorables como la insuficiencia de la médula ósea y los sangrados.
En la mayoría de los pacientes se pueden prevenir los ataques agudos mediante dosis diarias de un agente uricosúrico, como la sulfinpirazona, para estimular la capacidad de eliminación de ácido úrico del organismo. Si estos fármacos no sufren efecto, el médico puede recetar una dosis baja de colchicina tomada diariamente, bajo estricta supervisión por si surgieran efectos secundarios.
Durante las crisis debe guardarse reposo y calor local en la articulación afectada y para prevenirlos se pueden utilizar medicamentos que aumentan la eliminación del ácido úrico por la orina, como el probenecid o si el médico lo cree necesario puede administrar medicamentos que inhiben la producción de ácido úrico como el allopurinol.
Es muy importante mantener y cuidar el peso, ya que la obesidad aumenta las crisis y complica el procedimiento. Los ejercicios moderados son muy recomendados, ya que mejoran la circulación sanguínea, contribuyen para el control de la presión arterial y peso.
También hay que evitar la fatiga intelectual y física, descansando lo más que se pueda y evitando las desveladas.
En caso de fiebre o dolor de cabeza, se debe evitar los medicamentos que contengan ácido acetilsalicílico, como la aspirina, prefiriendo el paracetamol.

Prevención

La prevención y el control de estos problemas se consigue siguiendo una dieta hipouricémica:
Alimentos que se deben limitar al máximo:
1. Vísceras animales, ternera, cordero, carne de caza, embutidos, pescado azul, marisco, garbanzos, lentejas y guisantes.
2.    Bebidas alcohólicas.
Alimentos recomendables o de consumo preferente:
1.Verduras y frutas en general, arroz, pastas, pan, patatas, lácteos y derivados, carnes blancas, pollo o pavo y pescado blanco.
Puntos Clave
  • Limitar la ingesta de alimentos ricos en proteínas (legumbres, carnes rojas, marisco, pescado azul, vísceras).
  • Aumentar el consumo de aguas bicarbonatadas para alcalinizar la orina.
  • Limitar el consumo de bebidas alcohólicas.
  • Mantener el peso ideal.
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